Para nosotros el espacio profesional es un lugar “teológico”, o sea propicio para vivir la experiencia de Dios: el despacho, el laboratorio, el aula, el quirófano, los negocios, son los ambientes en los que Dios se nos manifiesta, cuando aprendemos a hacer lectura creyente de la realidad. No hay que irse a otros ámbitos, ni hacer actividades extras, ni ocupar horarios diferentes al horario laboral. El viene a nuestro terreno, y nos invita a que miremos lo que somos y lo que hacemos, desde su mirada bondadosa de Padre/Madre.

Esa mirada siempre es una mirada con preferencia por el hijo más débil, más pequeño, más necesitado. Por eso la “mirada teologal” nos lleva a la contemplación del ejercicio profesional desde una perspectiva diferente, que es la del Evangelio. Y nos impulsa a la acción transformadora que busca construir la sociedad de justicia y fraternidad que deseaba y anunciaba Jesús de Nazaret. A la vez, colma las aspiraciones de plenitud más íntimas de la persona, liberándola de ataduras que le impiden llegar a ser el profesional que realmente desea ser: un profesional desde el Corazón del Padre.

Todo lo anterior es un proceso, un reto, una propuesta evangélica de vida, una militancia, un camino. Que no recorremos solos, sino en comunidad. E insertados en la Iglesia. Y en el Mundo. Somos gente corriente de mundo, del mundo, que soñamos un Mundo Nuevo.