Pregón Pascual de Montijo

Pregón de Semana Santa, Marzo de 2010

“Y la luz brilló en las tinieblas…

Razones para la Alegría y la esperanza.”

Introducción: El oficio del pregonero

En la vida te toca hacer muchos oficios, y tienes que habilitarte para ellos, o más bien el propio ejercicio del quehacer te va oficializando y habilitando. Espero que sea así, y que lo que hago aquí con vosotros me dé el oficio, hasta hoy inédito en mí, de ser pregonero, y de serlo de semana santa en esta localidad de Montijo.

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El oficio de pregonero evoca en mí una serie de sentimientos y de recuerdos entrañables. En mi niñez el pregonero de mi pueblo era Anselmo. Un hombre enjuto y seco, pero bastante respetable, que se vestía de un modo oficial para pregonar los bandos, incorporando su gorra con visos de graduación y veteranía, y su pequeña trompeta, que con carácter apocalíptico, a la vez que festivo y ultimador, una vez soplada y producido el sonido monódico sostenido, pero afectivo y reconocido por todo el pueblo, convocaba a cada calle y cada grupo que se reunía en torno a él aguardando su voz y su gesto expresivo, de alegría, de dolor, de esperanza, tristeza, extrañeza o admiración, cuando no de rutina ligera, que proclamaban dichos y noticias esperadas en silencio y, las más de las veces, con solemnidad. Siempre empezaba con el mismo tono y la misma expresión: “Se hace saber…” luego la referencia de autoridad y respaldo a la palabra que se iba a pronunciar…”de parte del Señor alcalde…”… después la noticia, el aviso, el mando, la ley, la comunicación, la convocatoria, el luto, la alegría, la fiesta, el impuesto, la siega y la cosecha, la era, los comercios, la procesión y la misa solemne, la asamblea o la visita del personaje ilustre y político. Para terminar provocando el murmullo, la queja, la ironía, el silencio, la pena o el gozo en los que lo escuchaban, y la algarabía de los niños que volvían a sus juegos sin que les hubiera hecho mella aparente lo anunciado porque ellos eran protagonistas de otros pregones más cercanos y bullangueros… aunque algunos de ellos se atrevían a imitar al propio Anselmo y retirarse corriendo y repitiendo, en el mismo tono pregonero que él, alguna gracia infantil que provocaba la risa en todos los demás.

Desde este recuerdo evocador popular de mi niñez me atrevo a sospechar cuáles han de ser las claves de este quehacer en Montijo, abriendo los días santos en los que el pueblo va a tener en su seno la celebración de un misterio que nos sobrepasa y que no podemos decirlo, a la vez que no podemos callarlo y tenemos que expresarlo en la formas que no lo agotan, pero que lo apuntan y lo abren trascendentemente en lo más pequeño y lo más imaginario, que va desde el capuchón de un nazareno y la mirada de una talla de dolor y silencio , a las rodillas del pueblo inclinadas ante la cruz para adorarla y la alegría de la luz del cirio y de las velas, junto a los cantos vivos y juveniles en la vigilia pascual que proclaman, con voz de coro celestial, que el crucificado ha resucitado y vive para siempre y en él está nuestro sentido y nuestra esperanza.

Por eso acepté este oficio cuando los sacerdotes del pueblo me llamaron y me pidieron que viniera a compartir este momento con estas comunidades parroquiales y la ciudadanía en general. Entendía que se me invitaba a ser pregonero, es decir:

– “De parte de”: A “hablar en nombre de otro”, las palabras del Otro, del Dios de la vida, que no se pueden decir porque nos sobrepasan pero que nos hacen gritar desde dentro.

– “Se hace saber”: Para que todo el mundo se entere: ha de ser de utilidad pública, que esté al alcance de todos, para que todos podamos alimentarnos de él.

– Para que se cumpla beneficiando a todo el que lo escuche. Se trata de llegar al corazón de la vida, de lo que está ocurriendo ya en la historia en el ser y hacer de las personas; esto sólo podrá ser desde la vida.

– Ahora bien el pregonero, no puede situarse al margen de la actualidad, no hay nada peor que un pregón atrasado, le pasaría como al periódico “hoy” de ayer, o a la sal sosa del evangelio que sólo sirve para tirarla fuera y que la pise la gente. Hay que entrar en el mundo de hoy para abrirse a la actualización del gran misterio de Jesucristo, sólo desde la vida podemos acercarnos a un conocimiento real y encarnado de ese Jesús de Nazaret que fue pregonero de su semana santa, en la sinagoga cuando desenrolló el libro del profeta Isaías y reconoció el hoy de la salvación en su propia persona y en la misión que tenía que realizar en medio del pueblo anunciando y viviendo el Evangelio del Padre(Lc 4,16ss).

Hasta aquí la descripción del oficio, ahora toca desentrañar porqué seguir haciéndolo, y hacerlo en el seno de la Iglesia y en este hoy que nos ha tocado vivir; para nosotros es cuestión de vida y de sentido, la iglesia sólo existe para “pregonar” el evangelio, hoy resuenan en nosotros de un modo especial aquella invitación de Jesús resucitado: “Id por todo el mundo anunciando el evangelio a todas la gentes”. Pregonar y presentar de un modo encarnado el amor de Dios que llena de sentido la existencia, ese es el quehacer y el oficio de la Iglesia, para eso existe y para eso debe servir. Pero cómo ejercerlo en esta noche, qué es lo que pretendo:

– Aproximarme de rodillas y descalzo ante el misterio de Cristo, sabiendo que todo lo estimo pérdida comparado con el conocimiento de Jesús, y que el conocimiento de El es inagotable y personal dentro de la comunidad de los seguidores.

– Contemplar y leer creyentemente la vida y las personas de este pueblo, recoger gestos, signos y acciones que nos ayuden a conectar actualizadamente con el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret.

– Animar e invitar a la celebración profunda de estos días santos, a tocar en el corazón de cada uno de vosotros para que podáis oír y poner nombre a esa voz de Dios que nos dice desde el Apocalipsis: “mira que estoy a la puerta y llamo; si alguien oye mi voz y abre, entraré y cenaremos juntos…”. Una cena que será recuerdo vivo, sabiendo que recordar significa volver a pasar de un modo continuado y profundo por el corazón los retazos de la vida nuestros y ajenos, y memorial, porque nos hará presentes a nosotros en el paso de Jesús, en su pascua, y nos traerá al espíritu de Jesús resucitado a nuestro presente para que nunca deje de ser Pentecostés.

DESDE EL CAMINO DE LA CUARESMA

Venimos de la Cuaresma, cuarenta días, jornadas de escrutinio y exorcismo, proceso de liberación de la persona para poder entregarse a fondo y ser de los demás. Es el símbolo del camino que andamos día a día construyendo la sociedad y el mundo; nos hablan los sociólogos que nuestra sociedad tiene un gran capital social; la capacidad de la relación afectiva e identitaria que sostiene al mundo y hace que haya más bien que mal y podamos permanecer en la vida.

Es la cuaresma del vivir diario, que en la dificultad nos va llenando de sentido y ocupando nuestra existencia para llegar a la vida. Se trata no de los cuarenta días simbólicos de ayuno de Cristo en el desierto, sinode las más de tres décadas vividas ocultas en el ámbito rural de Nazaret y resumidas en unos versículos en los evangelios: “bajó con sus padres a Nazaret y allí creció en gracia y sabiduría delante de Dios y de los hombres”. La vida y nada más que la vida.

Por eso quiero comenzar la proclamación de este pregón, pregonando con todas mis fuerzas que el centro de la vida del Pueblo y de la Iglesia, dentro de él, no puede ser otro sino las personas y su valor sagrado vivido en lo cotidiano, lo ordinario. Eso es lo único que acompaña a Jesús de Nazaret y él cristifica, la vida de cada día. La Semana Santa es posible porque hay cuaresma vital, recorrido, pasos, pueblo… no hay más sentido de la semana santa que poder celebrar juntos y jubilosos el centro del misterio de la fe desde el centro del misterio de la vida diaria y sencilla de cada uno de los ciudadanos, de los que están caídos y rotos, así como de los esperanzados y comprometidos. La vida diaria es el tesoro que más vale y a veces el menos preciado. La semana santa viene a condensar y a sacramentalizar lo cotidiano para reconocer que es ahí donde el hombre se va haciendo y donde se contruye la verdadera historia de la salvación.

Desde ahí quiero pregonar y vocear lo que hace posible la vida, lo que más vale, lo que tiene valor único y eterno, siendo a la vez la sencillez y la humildad que caracterizan el pan nuestro de cada día, el Dios diario y anónimo:

– La familia, padres, madres, hijos, hermanos, amigos, la calle, el pueblo, los vecinos, el trabajo, los nacimientos, las muertes, los niños, los jóvenes, los adultos, los ancianos, la política, la religión, la comunidad cristiana, el grupo, los sacramentos, la economía, las relaciones humanas, la comida, la diversión, el tiempo libre, la fiesta, el cansancio, la salud, la enfermedad…

Anécdota de mi madre esta mañana al despertar:

PRÓLOGO

Dame tu mano, María,


la de las tocas moradas;


clávame tus siete espadas


en esta carne baldía.


Quiero ir contigo en la impía


tarde negra y amarilla.


Aquí, en mi torpe mejilla,

quiero ver si se retrata


esa lividez de plata,


esa lágrima que brilla.

 

Déjame que te restañe


ese llanto cristalino,


y a la vera del camino


permite que te acompañe.


Deja que en lágrimas bañe


la orla negra de tu manto


a los pies del árbol santo


donde tu fruto se mustia.


Capitana de la angustia:


no quiero que sufras tanto.

DOMINGO DE RAMOS: DÍA DEL SUEÑO Y LA UTOPÍA

¿Os imagináis Montijo sin niños ni jóvenes? Sólo el sueño y la utopía fecundan y generan la esperanza y dinamizan la entrega fiel y el compromiso. Un reino eterno a lomos de la borriquita; es el sueño de los profetas de la historia, el fondo siempre permanente en la historia de que “otro mundo es posible”; la sociedad enferma es la que ha perdido la esperanza, la que asiente y se conforma con que el mundo siempre ha sido así y no podrá cambiar; es la sociedad sin niños y sin jóvenes, en la que todos desde que nacen se sienten viejos programados con una actividad frenética, que produce para consumir, y consume para ser feliz y volver a trabajar. La sociedad que tocada por el mercado produce un hombre unidimensional y empobrecido, tan pobre tan pobre que sólo tiene el éxito excluyente de la riqueza y el dinero.

Jesús de Nazaret provoca el sueño de la utopía del reino; lo ha estado gestando dentro en la vida de la aldea, en la vida de la gente del pueblo, donde se respira profundo y con un calado que sólo ven bien los ojos del corazón. Ahora está estallando dentro de él, ha comenzado hace unos meses a acercarse a la gente y ha provocado evangelio, se ha hecho buena noticia, alegría, ánimo, ilusión, sueños, ganas, pasión, algarabía, manifestación, gozo, encuentro, compañía, esperanza, serenidad, libertad, bondad; sólo falta que luzca el sol, que resplandezca y lo acompañe, lo demás lo pondremos entre todos.

Es la fuerza de la utopía y la esperanza la que mueve el Domingo de Ramos. Contemplemos la fiesta de este Domingo, dejemos que penetren en nosotros el paso que procesionamos, siempre el mismo, pero caminando cada año con nuevos niños, adolescentes y jóvenes que van marcando el paso de la historia con el acelerador de la ilusión, de la esperanza y del sueño. Ellos abren el pórtico de la Semana Santa, y aprovechan este gesto litúrgico de la procesión de ramos para gritar junto a Jesús, que otro mundo es posible, que el salvador nos ha dado la clave de la vida y que ya nadie ni nada nos la podrá quitar; sólo nos da un aviso para los navegantes actuales que el color rojo de la liturgia delata: “el que quiera guardarse la vida la perderá, pero el que esté dispuesta a arriesgarla la ganará para siempre”. Es el riesgo del que busca no acomodarse y sentarse en vagones de primera, sino comprometerse ante y en el diluvio a construir el arca en el que quepamos todos con dignidad y libertad auténtica. Ese arca al que acudirá la paloma con el brote de olivo en el pico, se está construyendo diariamente en medio de la algarabía de la vida; será lugar de salvación y laboratorio de esperanza; veo y siento en el domingo de ramos todas aquellas realidades del pueblo que generan personas con vida auténtica y personal, con autonomía y mirada crítica, con deseos de vivir y transformar el mundo del que se han ido encargando y responsabilizando: las escuelas, los institutos, la universidad, las catequesis parroquiales, los grupos juveniles, el coro de la parroquia, las asociaciones de los jóvenes, la música en la escuela municipal, el teatro, el camino de santiago, la operación kilo, las asociaciones de todo tipo…son tantos espacios y tantos animadores e ilusionadores en medio del mundo, que sin ellos nos quedaríamos viejos y desesperanzados. Cada vez que un niño, un adolescente, un joven, un adulto o un anciano se ilusiona y se esperanza en medio de la historia está siendo Domingo de Ramos, se está abriendo la historia y se está haciendo fecunda; en este Domingoabriremos el pórtico de la fiesta y de la vida, con el rojo de la fuerza vitalizadora de la pasión que ya es imparable, y que hace del débil el centro de la historia, porque nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos, y en Cristo, el padre nos ha entregado a su hijo para que entregándose por nosotros nos diera nueva vida, y con el ella el sueño de la fraternidad y del amor. Por eso rezaremos a Dios que nos ayude a soñar despiertos, como lo hacía León Felipe:

Hazme soñar… ¡Soñar, Señor, soñar!…
¡Hace tiempo que no sueño!
Soñé que iba una vez -cuando era niño todavía,
al comienzo del mundo-
en un caballo desbocado por el viento,
soñé que cabalgaba, desbocado, en el viento…
que era yo mismo el viento…
Señor, hazme otra vez soñar que soy el viento,
el viento bajo la Luz, el viento traspasado por la Luz,
el viento deshecho por la luz,
el viento fundido por la luz,
el viento.., hecho Luz…
Señor, hazme soñar que soy la Luz…
que soy Tú mismo, parte de mí mismo…
y guárdame, guárdame dormido,
soñando, eternamente soñando
que soy un rayito de Luz de tu costado.

JUEVES SANTO: LA MESA DE LA FRATERNIDAD Y LA ENTREGA

La semana santa de este año viene envuelta en un discurso y en una palabra que nos interpela a los cristianos profundamente: la palabra crisis. Los analistas nos hablan de que las causas de esta crisis son financieras, económicas, políticas… pero hay quien habla de crisis de valores fundamentales, que pervierte el sistema desbancando a la humanidad de su dignidad y sometiéndola a la reducción finalista de puro objeto de uso y consumo, de productor y consumidor. Desde ahí me gustaría centrarme en el verdadero sentido del Jueves Santo, aunque después volvamos al huerto de los olivos.

Jesús que sabía que iba a partir pronto para el Padre, que de él venía y a El debía volver, quiso celebrar la pascua con sus discípulos; la pascua es el recuerdo memorial de los judíos de su salida de Egipto, de su liberación del faraón que les tenía sometidos y no les dejaba vivir, eran objetos suyos, producto de su posesión. El faraón, como todos los sistemas faraónicos, sólo quería mantener su reinado a costa de lo que fuera, para ellos la vida era volver a empezar y dominar. Jesús celebra esta pascua anunciando su verdadero poder: no el de la fuerza del faraón sino la de la humildad y la misericordia del siervo de Yahvé. Nosotros en este jueves santo volvemos a entrar en el misterio del siervo de Yahvé, sabemos que la salvación no viene por el poder del faraón del mercado que rompe toda frontera para conseguir riquezas pero que hace murallas para que no se acerquen a él los pobres, a no ser que vengan a servirle y darle la vida a él. La salvación viene de aquél que se arremanga, coge la toalla, se tira de rodillas al suelo y va lavando los pies de sus discípulos para enseñarles que han de hacer lo mismo que el maestro, servir y dar la vida, porque la salvación viene por la entrega desinteresada y amorosa, la que sale de las entrañas del hijo agradecido ante el Padre que sólo quiere hacer su voluntad. El padre tiene como arma para confundir a los fuertes a los que no cuentan en la vida y en la sociedad, él se hace fuerte en la debilidad. Por eso Jesús establece como memorial suyo las manos que parten el pan y sirven la copa de vino anunciando que El Dios de la vida está con nosotros y se entrega radicalmente sin pedir nada a cambio. Así se establece la clave sacerdotal de la existencia, la vida solo encuentra su sentido cuando se da a los demás.

Ahí está la verdad en la revolución del “lebrillo” en el que se lavan los pies de los cansados y los heridos de la historia. Los sociólogos cristianos nos lo dicen con claridad dónde está el verdadero Jueves Santo: la gran riqueza de nuestra sociedad es todo aquello que es verdaderamente gratuito y nace de la entrañas de los que se quieren: el cuidado y educación de los hijos, la relación entre hermanos, la atención a los padres mayores y deshechos, el trabajo diario, los impuestos pagados con honradez, la vecindad, las pequeñas empresas, la pensiones compartidas, los padres que auxilian a sus hijos en las hipotecas y en sus problemas económicos, las mujeres que cuidan de sus maridos aun cuando son alcohólicos y los animan a salir de ahí, las madres de los drogadictos.. y un largo etc. De lo diario que es lo que realmente construye el mundo y la sociedad. Cuántos lebrillos ocultos, insignificantes, pero fecundos y transformadores, de aquellos de los que no sabe su izquierda lo que hace su derecha. Todos somos fruto de la entrega y la generosidad de los que se nos han dado y nos han amado, sin ellos no seríamos nada, todos vivimos y respiramos en el clima de la familia, de la amistad y de la honradez… lo pregonamos a voces: “ hay más bien que mal en el mundo”; hay más amor que odio. Hay muchos que están inclinados en la vida lavando pies: desde la familia, desde el trabajo y la profesión, desde la vecindad, la economía, la política, la educación, la sanidad, la empresa…” Hoy mirando la última cena, la celebración que abre el triduo pascual con solemnidad y alegría celebrando el amor de Dios a los hombres y de éstos entre sí, os pido que os detengáis conmigo en la realidad de Cáritas de Montijo. Cáritas no son unos cuantos, aunque unos cuantos den la vida en ella, se trata de la dimensión sociocaritativa de todos los cristianos, no nos podemos sentar en la mesa de la eucaristía, si no queremos compartir la vida y los bienes con los más pobres como le ocurría a Judas. La mesa de la eucaristía nos llama a la verdadera justicia que se supera en la caridad; hoy como nunca en estos tiempos de crisis el Jueves Santo se vive en la capacidad de una austeridad que sana en el compartir a los que azotan las condiciones precarias de la crisis impuesta, y que sufren de un modo especial los más pobres.

Somos lo que amamos y sólo amamos en la medida que hemos sido amados. El amor frustrado, el egoísmo, se hace necesariamente defensivo y violento; el jueves santo nos presenta el hombre realizado en el amor; el hombre según Dios que ama todo pero no se ata a nada para dar la vida. Este Dios de Jueves santo no se manifiesta en el poder sino en la entrega. NO es el éxito el que lleva al verdadero reconocimiento, sino la entrada en el corazón del padre que nos hace fraternos y nos invita a salir de nosotros todos los días para acercarnos a las puertas de los otros esperando con perdón, misericordia, generosidad y fiesta al hijo pródigo que se ha perdido y necesitamos darle la vida. Todos esos proyectos de cáritas hoy necesito pregonarlos para deciros sin duda que la mesa del jueves santo presidida por el amor hecho carne que es Jesús, esta vivo y presente en este pueblo y en esta comunidad cristiana de Montijo. Pregono que desde que está la crisis, en Cáritas diocesana han aumentado las cuotas de lo socios y los donativos particulares y colectivos, benditos los que en tiempo de crisis sienten la llamada a compartir más y ser más generosos, porque sus nombres están inscritos en el cielo. En todos estos proyectos resuenan las frases de aquel discurso solemne en boca de Jesús para hablar de la plenitud del reino del amor:” Venid vosotros benditos de mi padre…porque tuve hambre… estuve enfermo… fui inmigrante… excluido… drogadicto… y cuando lo hicimos? Cuando estabas haciéndolo con uno de los más pequeños…conmigo lo hacías”.

Permitidme también una alabanza de Jueves Santo, quiero pregonar benditos los pies de los que traen la buena noticia de un trabajo digno para quien lo necesita; benditos los que se esfuerzan por mantener los puestos de trabajos y por agrandarlos, los que se empeñan y sufren para seguir adelante y que no les falte el pan de la dignidad a sus trabajadores. Benditos todos los que en estas vegas saben del trabajo y levantan la ciudad cada día, recordando el himno de las horas:

Tu poder multiplica

la eficacia del hombre y crece cada día,

entre sus manos, la obra de tus manos.


Nos señalaste un trozo de la viña

y nos dijiste: “Venid y trabajad”.

Nos mostraste una mesa vacía

y nos dijiste: “Llenadla de pan”.

Nos presentaste un campo de batalla

y nos dijiste: “Construid la paz”.

Nos sacaste al desierto con el alba

y nos dijiste: “Levantad la ciudad”.


Pusiste una herramienta en nuestras manos

y nos dijiste: “Es tiempo de crear”.

 

Escucha a mediodía el rumor del trabajo

con que el hombre se afana en tu heredad.

Y no quiero salir del Jueves fraterno del amor y del servicio, sin pregonar a los que hemos de ser, siguiendo al maestro, profesionales del “lebrillo” en la comunidad a los sacerdotes; cómo no rememorar aquellos que Jesús les pide que sigan haciendo en memoria suya el gesto fraternal de la eucaristía, diciendo sus palabras con el pan y el vino en las manos. Es verdad que estamos envueltos en debilidades, en algunos casos escandalosas y recriminables, por las que hemos de pedir perdón de rodillas por nosotros y por nuestros hermanos, pero también es verdad que por encima de nuestras debilidades, Dios nos hace instrumentos suyos, para servir en la verdad, consolar, animar, dar el pan de la vida, el perdón de la absolución, la unción de los enfermos, el bautismo salvador y sobre todo compartir vuestra vida y vuestras ilusiones. Bendigamos en el Jueves Santo la bondad de Dios derramada en los sacerdotes que han sido significativos y que han pasado por las comunidades de vuestro pueblo: los actuales Juan, Pedro, Andrés y otros que lo fueron y que ahora ya sirven en otras comunidades o marcharon ya con el Padre Dios para gozar de la resurrección de Jesucristo. Ojalá siga habiendo jóvenes en este pueblo dispuestos a coger este lebrillo del sacerdocio ministerial en sus manos.

EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS:

La oscuridad y el dolor en la soledad y el abandono.

La angustia y la tensión se masca en el huerto de los olivos. Jesús, auténtico y original, en su vida presiente que tiene pasar por el sello de la denominación de origen en su coherencia de hijo del Padre y de hermano de los hombres. Le toca entrar en la decisión de la radicalidad de entrega a los últimos; ahora se juega toda su verdad a una carta, o cede y flexiona ante un sistema de injusticia, o se mantiene en la voluntad del Padre, aun a costa de no verle y sentirle de ningún modo en este tránsito de la verdad y el amor. Necesita orar y adentrarse en el corazón del Padre para vivir este momento de angustia y de sudor de lágrimas, en el que uno está solo de verdad y tiene que entregarse desde la fe más desnuda y el abandono más frío: “Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado?”

La pregunta de la vida se hace dura y última y uno no sabe como va a salir de ella, de todos modos entrega su vida al Padre. Recuerdo una mañana temprano al levantarme y desayunar con el correo de la vida, con ese que llega a través de internet pero que a veces lleva la vida a borbotones, me encontré con un mensaje que se había escrito muy de noche y muy de dolor desde Montijo… a la vez que de mucha esperanza y entrega y que ahora me ayuda a reconocer la oración de Jesús en el huerto en este último año:

(Correo de maria Jesús heras…..)

POESÍA – MÚSICA – PROYECCION

VIERNES SANTO: POR LA SEÑAL DE LA SANTA CRUZ

El viernes santo es el día central de nuestra señal, en la que manifestamos ante el mundo el valor que tiene la cruz para nosotros los cristianos. En un mundo en el que se cuestiona el símbolo de la cruz en los espacios públicos, nosotros oímos cómo la palabra de Dios nos lleva a una comprensión de la cruz que es de otro estilo, y que muchos no pueden comprender. Podrán quitar todas las cruces de madera del mundo, pero lo que no podrán quitar ni ellos, ni siquiera nosotros es la fuerza de la cruz de Jesucristo, como poder de Dios. Esta es la cruz sencilla que Dios quiere y no las que están en los despachos y las paredes, aunque se merezcan nuestro respeto, nos dice san Pablo :

“El lenguaje de la cruz, en efecto, … es poder de Dios …Dios ha querido salvar a los creyentes por la locura del mensaje que predicamos. Porque mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado, que es escándalo para los judíos y locura para los paganos. Mas para los que han sido llamados… se trata de un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios…”(1Cor 1,18.21-24)

Necesitamos recobrar continuamente este lenguaje, esta señal, lo cual es imposible sin los crucificados de nuestro mundo actual, recobramos la señal cuando los recobramos a ellos.

La cruz que viene con el Reino no es la designación de los males en manos del Padre, sino la contradicción que engendra el anuncio del Reino a los más débiles, que desajusta toda estructura aseguradora e injusta. Las resistencias personales, culturales, económicas, ambientales, religiosas e incluso de los mismos pobres y familia, hasta de los propios discípulos son las que elaboran el verdadero material de la cruz. Pero tal cruz no es sino un signo del camino real del Reino: “Dichosos vosotros cuando os insulten, os persigan o digan contra vosotros toda clase de calumnias por mi causa. Alegraos y regocijaos…”(Mt 5,11-12) Ponte a ser manso, transparente, justo, misericordioso, pacífico y sentirás el peso de la cruz de los que en este mundo solo quieren violencia, poder, engaño, indiferencia, gozo y placer.

Una Iglesia que no sufre persecución viviendo en un mundo injusto, lleno de pobreza y desigualdad , ha de preguntarse si está sirviendo al Reino de Dios, a la causa y al nombre de Jesús.

La Iglesia que anuncia a Jesucristo y da testimonio de El ha de andar por caminos que le cargan la cruz; cruz que es signo de buena noticia de liberación para los crucificados de nuestro mundo, noticia de un Dios compasivo y misericordioso.

Frente a un sistema del placer absoluto y de una humanidad indolora hemos de desarrollar la cultura de la entrega y del compromiso, que a veces es dolor a favor del hermano dolorido para calmarle y consolarle, recuperándolos para la vida, siendo testigos vivos del Jesús- Buen samaritano. Este dolor entregado en el amor para dar vida es presencia del crucificado- glorificado que vive para siempre y que transforma dolor en gloria y sufrimiento en alegría. ¿Donde están los crucificados que dan la vida? No los busquéis en los palacios, ni en los templos del éxito y del poder, miradlos en lo sencillo y en lo pequeño de cada día: la hija que cuida a su madre con alzheimer desde hace años, los padres que tienen a su hijo con síndrome de Dowm como el centro de su casa; el empresario que contrata a un disminuido físico, la esposa del alcohólico que apuesta por él y lo quiere de verdad, la asociación que le acoge con dignidad y le ayuda a resucitar, la que lava a su vecina sola y enferma, y le lleva de comer sin que se entere nadie, el animador que da la vida por los jóvenes para que encuentren el camino de la vida; el que se mata para que funcione el coro; el médico que conoce y ama a sus pacientes, el que dona los órganos de su hijo fallecido en accidente para que le de vida a otros, el niño que da lo que recibe en la comunión para un proyecto en áfrica y rechaza un traje ostentoso haciéndolo con el de su primo, el que da un tanto por ciento significativo de su sueldo para cáritas, el voluntario en el asilo, y cuantos más… la madre que da toda su vida por sus hijos, la que adopta un niño abandonado…

A quién vamos a ver en el rostro del crucificado este año? A quién vamos a abrazar cuando adoremos la cruz el viernes santo?. A quien vamos a procesionar para que se nos muevan las entrañas como a Dios, y nos den ganas de ser cireneos para ayudarle a llevar la cruz sencilla de la vida a favor de los que más lo necesitan? Una cruz sin ningún adorno ni distracción, cómo quería León Felipe que le hicieran su cruz para la mesilla de noche en medio de su enfermedad:

“Hazme una cruz sencilla,
carpintero…
sin añadidos
ni ornamentos…
que se vean desnudos
los maderos,
desnudos
y decididamente rectos:
los brazos en abrazo hacia la tierra,
el mástil disparándose a los cielos.
Que no haya un solo adorno
que distraiga este gesto:
este equilibrio humano
de los dos mandamientos…
sencilla, sencilla…
hazme una cruz sencilla, carpintero.”

Permitidme antes de salir del Viernes, pregonar aquello que se hace noticia en el momento, pero que parece usarse y tirarse cuando pasan los días, aunque la noticia sigue. Me refiero a Haití y Chile en sus sufrimientos últimos. Cómo no pregonar aquí a todos los que os habéis movido de fondo y con entrañas para ponernos al servicio de aquellos que ya eran muy pobres antes del terremoto. Pero cómo no pregonar una oración dirigida al Padre pidiéndole que nos ayude a no olvidarnos de su dolor y su penar cuando ya no es noticia en televisión pero sigue siendo tristeza y pena honda en los que lo están sufriendo y se quedaron sin nada ¿Cómo no ponerlos esta año en nuestro pasos en lugar de las flores y los adornos para que sea su rostro el que dé forma y sentimiento a las tallas de los pasos procesionales?

Que se abran todas las puertas al paso del crucificado y su madre, para que todo dolor sea iluminado y sanado y para que todos los corazones se unan en el deseo de pintar este mundo de color esperanza con la fuerza del amor entre los hermanos:

Por fin en la cruz te acuestas.


Te abren una y otra mano,


y un pie y otro soberano,


y a todo, manso, te prestas.


Luego entre Dimas y Gestas,


desencajado por crueles


distensiones de cordeles,


te clavan crucificado


y te punzan el costado


y te refrescan las hieles.

 

Y que esto llegue es preciso


y así todo se consuma,


y, a la carga que te abruma,


el cuello inclinas sumiso.


– Conmigo en el paraíso


serás hoy
 – al buen ladrón


prometes. Tierna lección


la de tus palabras ciertas.


Toma mis manos abiertas.


Toma mis pies: tuyos son
.

SÁBADO SANTO: LA ESPERA EN EL SILENCIO

Sábado santo día del silencio y de la espera callada. Es el invierno que tras el otoño ha recogido la semilla y ha comenzado a germinarla y a puntear, tras ser enterrada, queriendo abrir la tierra para salir a la luz y comenzar de nuevo el camino esperanzado que le llevará ser nueva espiga para molerse en el molino, y volver a ser pan de la historia humana consagrado en el altar de la vida y de la familia. Es el día de todos los que no se dejan robar la esperanza y permanecen en ella, aunque sea lo único que les quede para vivir; no se la dejan quitar, sino que la entregan confiados en que en esta ocasión se cumplirá su liberación.

Son todos aquellos que están en el sepulcro pero que ya sienten la fuerza del espíritu que les despierta de su letargo y les lleva al reconocimiento de su yo saneado y cubierto de dignidad y alegría felicitante para los que lo rodean. ¿Quiénes son los que están en esta espera? Todo un tercer mundo herido, todos los que en medio de nuestra sociedad están mordidos por la pobreza grave y severa, pero conscientes de que sólo su lucha vital por reconducirse podrá llevarles a la tierra de la verdad y la libertad; los sometidos por la esclavitud de la dependencia adictiva: drogadictos, alcohólicos, ludópata, pornografía… pero de igual modo los que tienen sus afectos en el dinero, en el poder, en el placer… y están rotos y vacíos por dentro. Pero son más de la esperanza, los que no dejándose llevar por el juicio destructivo acerca de los excluidos y rotos, se ponen mano a la obra y luchan contra toda esperanza para que sea posible su liberación. Celebremos en el sábado por todos los que apuestan por situaciones difíciles y complicadas, los que son hermanos de los rotos que viven sin ilusión y esperanza y que creen que van a recuperarlos para el amor. Oremos al Padre por todas las asociaciones y asociados que luchan por ellos, los que no entierran sino que aran y siembran esperando que tras la muerte llegue la resurreción, así cómo los que cada día trabajan por ellos para que no les falta la alegría del Reino y se vean alimentados por el Padre de la vida, con la plenitud del sentido y del gozo de la entrega desinteresada.

Pregonemos también a todos los que de un modo u otro hacen suscitar la esperanza, y rayos de pequeñas posibilidades en los que más que creer que estaban dormidos, ya pensaban que estaban muertos. Por los facilitadores y por los que generan serenidad y rayos de esperanza en los desesperanzados. Cómo no recordar en el sábado santo a todos aquellos que iniciaron la asociación de enfermos de cáncer paraacompañarse y vivir, luchar juntos frente a la muerte y a favor de la vida, compartiendo la esperanza de darle a cada día su sentido y su valor. Quiero pregonar a Ana Mari, a quien conocí y amé en su testimono de entrega de la vida, para ella no merecía la pena guardarse nada, cada día bueno era para testimoniar que tenía sentido la vida y que no podíamos entregarlo vacío a la muerte. Cómo no desear que cuando lleguemos a la muerte que la fuerza de lo amado en la vida y en cada día nos saque del sepulcro y nos instale con gozo pleno al lado del Padre, como decía María Jesús. Cómo no abrazar el silencio y la oración,que nos hace llegar al que nos invita a ir hacia él, porque quiere darnos solaz, consuelo y descanso a todos los que estamos cansados y agobiados por el camino.

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

“Y la luz brilló en las tinieblas….Aleluya”

“Dios lo entregó conforme al plan que tenía previsto y determinado, pero vosotros, valiéndoos de los impíos, lo crucificasteis y lo matasteis. Dios, sin embargo, lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte, pues era imposible que ésta lo retuviera en su poder…” (Act 2,23-24)

El que ha resucitado es el “siervo de Yahvé”. La resurrección confirma teológicamente toda la historia de la salvación: el éxodo, la creación, la liberación del pecado, la alianza y la promesa, la encarnación, la vida y el mensaje de Jesús, la cruz como lugar de gloria y no de muerte.

El que resucita es el de las llagas y el costado abierto, el que no tenía donde reclinar la cabeza, el hereje, el blasfemo, el que comía con los pecadores haciéndose uno de ellos, el que perdonaba lo imperdonable, profanaba el templo y no cumplía la ley, el que se puso de parte de los hombres en nombre de Dios.

Frente a una mentalidad cientifista y cerrada en lo inmanente y el extremo de un dogmatismo trascendentalista dehistorizado, creemos en lo imposible desde los signos que llevan al hombre de la nada y la muerte, al todo y a la vida y que gritan continuamente: “No está aquí, ha resucitado”.

El pobre Jesús de Nazaret ha resucitado y vive para siempre. La resurrección es signo de la libertad y la justicia definitiva que tiene como fundamento y objeto al Dios de la vida afectando todo la realidad humana.

En la resurrección la libertad y la igualdad se hacen definitivas y se unifican, no puede ser una sin la otra. La resurrección da libertad y fundamenta la igualdad desde la fraternidad que ya se hace viable y posible.

La Iglesia que anuncia a Jesucristo Resucitado y que se deja mover por su Espíritu no puede ser sino una iglesia pobre, que anda por los caminos de la historia provocando el encuentro con los débiles e identificándose con ellos porque sabe que su Reino pasa por el sacramento del hermano: “¿Cuándo te vimos…? – Cada vez que los hicisteis con uno de estos ….. Venid vosotros benditos de mi Padre”. (Cfr.,Mt 25,31ss).

Y aquí permitidme que haga confesión de fe en Cristo resucitado desde un hecho de vida, del que seguro que muchos de vosotros habéis sido testigo de primera mano. Este año se hizo un corto, la música fue viva y en directo, acompañaba Pedro como hoy lo está haciendo conmigo, pero aquel día se presentaba el corto en el que el personaje central no era un famoso, ni chico avispado o travieso, listo o inteligente, no era el guapo, ni el primero de la clase, ni siquiera se le habían visto dotes de actor, era natural como la vida misma, formando parte del paisaje de Montijo sin estar en el centro, sino en el lado, no contando para muchos y además aparentemente aislado, “lolo” era el personaje central, todo estaba pensado teniéndolo a él como centro de la película… era verdad y su sueño se cumplía… era él el que subía al escenario con una alegría y un gozo que nada ni nadie podía detener.. todo el mundo le aplaudía sin cansarse y el se sentía el más querido y el más importante del mundo. El siervo de Yahvé se sentía Hijo de Dios, el crucificado había resucitado y era dueño de la vida y la podía dar a otros… y es que otro mundo es posible, la última palabra no la tiene la muerte sino la vida, el verdadero poder es el de amor y está abierto a los sencillos y a los que confían, así es nuestro Dios, es en la debilidad donde él se hace fuerte e importante, es ahí donde nos salva, en lo que nos parece fealdad y dolor, el pone ternura y cariño para levantarnos y gozarnos en la esperanza. Os invito a que este año en la cara del resucitado veáis a “lolo” y su película, y en su rostro el de todos los hombres que sueñan con la vida y la esperanza, con la dignidad y la justicia,con la fraternidad y la igualdad.

Después del Domingo, con la alegría de la resurrección nos tocará volver a hacer milagros y signos de la vida diaria, de esos que son como la levadura en la masa del pan, y el grano de trigo en la tierra, y la sal en la comida, eso que gesta en lo cotidiano pero que acaba en la gloria y elaborando el pan y gusto de una felicidad que nada ni nadie podrán quitar.

El paso por la pascua sea para todos vosotros un encuentro con el cristo que se hizo hombre, uno de tantos, llegando incluso a la muerte y una muerte de Cruz, y que en él lleguéis al gozo de la vida llena de signos de resurrección. Que El Cristo resucitado nos abra los ojos para que sepamos reconocerlo en el camino de la vida, verlo en los crucificados de la historia, y nunca nos falte ni el pan de la esperanza ni el vino de la alegría.

¡Que sea bien viva y actual la semana santa de Montijo 2010¡

MÚSICA ESPIRITUAL NEGRO: ALELUYA….

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