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  • Entidades de Iglesia de Madrid celebran la «pasarela de la precariedad» para alertar de la falta de trabajo decente

    Entidades de Iglesia de Madrid celebran la «pasarela de la precariedad» para alertar de la falta de trabajo decente

    Madrid. 17/05/2018. En la pasarela han desfilado modelos que representan a algunos de los grupos de la población más castigados por el desempleo, la temporalidad, los bajos sueldos y los horarios incompatibles con la conciliación.

    La iniciativa Iglesia por el trabajo decente de Madrid (ITD Madrid) ha celebrado una «pasarela de la precariedad» en Madrid, junto a la Ermita de San Isidro, al término de la Eucaristía presidida por el cardenal Carlos Osoro con motivo de la fiesta de san Isidro.

    En ella, han desfilado modelos que representan a algunos de los grupos de la población más castigados por el desempleo, la temporalidad, los bajos sueldos y los horarios incompatibles con la conciliación.

    Las entidades que conforman ITD Madrid, –CONFER, Equipos Parroquiales de Pastoral Obrera, Hermandades del Trabajo, HOAC, JEC, JOC, Justicia y Paz, Delegación de Pastoral del Trabajo y Profesionales Cristianos–, quiere con este acto «sensibilizar a la población en general sobre la falta de trabajo decente y la necesidad de cambiar estilos de vida, orientaciones políticas y objetivos económicos para permitir a todas las personas y familias su desarrollo integral mediante el empleo sostenible con derechos».

    Asimismo, ITD Madrid ha reiterado su llamamiento a todas las entidades eclesiales a sumarse a esta iniciativa, que trabaja por las las personas desempleadas, con trabajos precarios, con bajos salarios, horarios incompatibles con la vida personal y familiar y puestos de trabajo que ponen en riesgo su salud e integridad física.

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     Fuente: Alfa y Omega
  • Movimientos de ACE celebran la Navidad en Madrid

    Movimientos de ACE celebran la Navidad en Madrid

    18/12/2017. Madrid. Los movimientos de Acción Católica Española (ACE) Acción Católica Obrera (ACO), Fraternidad Cristiana de Personas con Discapacidad (FRATER), Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), Juventud Estudiante Católica (JEC), Juventud Obreara Cristiana (JOC ) y Profesionales Cristianos (PX) compartieron la celebración de Navidad, en una emotiva experiencia de comunión eclesial.

    Bajo el lema «Signos de Esperanza«, más de 100 personas de los diversos movimientos especializados de la Acción Católica de la Archidiócesis de Madrid se dieron cita para celebrar conjuntamente el Adviento y la Navidad. La Jornada significó una experiencia auténtica de comunión intraeclesial, de reconocimiento y aliento en la tarea compartida.

    Preparada por los responsables de los diferentes movimientos, el encuentro consistió en una eucaristía muy participativa -ayudada de diferentes dinámicas-, y finalizó con la recogida de cada participante de una estrella símbolo de que el niño Dios nace para iluminar las vidas y que cada persona de los movimientos es también llamada a dar luz en las oscuridades de nuestros entornos y ambientes.

    Ésta ha sido, sin duda, una experiencia intensa de ser y sentir comunidad, en forma de celebración de los diferentes movimientos de acción católica. Todos ellos apuestan por repetirlo y ampliar este tipo de celebraciones y encuentros en la diócesis, dada la riqueza que suponen. La jornada puso en el centro el deseo de seguir respondiendo con fidelidad a la vocación de ser presencia de la Iglesia en los distintos ambientes para hacer vida la buena noticia de la llegada de Dios en medio de nuestro mundo.

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  • La Esperanza

    La Esperanza

    Es ésta una propuesta del grupo de PX de Madrid para celebrar una Sesión de Oración sobre La Esperanza, de aproximadamente una hora de duración.

    “Que Dios, de quien procede  la esperanza,  llene de alegría y de paz vuestra fe; y que el Espíritu Santo, con su fuerza, os colme de esperanza”.

    Romanos 15, 13

    Música y silencio

    Vamos, en este rato de oración, a hacernos conscientes de ese gran tesoro que es la esperanza y a pedir al Espíritu que nos colme de ella.

    Comenzamos por calmar nuestra mente.

    Nos sentamos con la espalda recta, los dos pies en el suelo, las manos sobre las rodillas o una palma sobre otra. Cerramos los ojos y nos vamos haciendo conscientes de nuestra presencia aquí y ahora, comenzando por nuestro propio cuerpo, nuestra casa primordial. Lo recorremos lentamente desde los pies a la cabeza. Dejando que cada parte por la que pasamos se relaje un poco más…

    Nos concentramos en respirar, suavemente, observando el movimiento de la respiración, sin tratar de cambiarlo…

    Apartamos nuestros pensamientos –no nos peleamos con ellos, los dejamos ir- y volvemos a concentrarnos en respirar simplemente, conscientes de esa vida que está aquí en nosotros y se expresa en cada inspiración y espiración.

     

    Música y silencio

     Yo soy, dice Dios, Maestro de las Tres Virtudes.

    La Fe es una esposa fiel.
La Caridad es una madre ardiente, toda corazón. Pero la esperanza es una niña muy pequeña.

    Yo soy, dice Dios, el Maestro de las Virtudes.

    La Fe es la que se mantiene firme por los siglos de los siglos.
La Caridad es la que se da por los siglos de los siglos.
 Pero mi pequeña esperanza es la que se levanta todas las mañanas.

    oraciones-desde-la-vida-lectura-creyente-2017Yo soy, dice Dios, el Señor de las Virtudes.

    La Fe es un soldado, es un capitán que defiende una fortaleza…

La Caridad es un médico, una hermanita de los pobres,
que cuida a los enfermos, que cuida a los heridos,
a los pobres…
Pero mi pequeña esperanza es
la que saluda al pobre y al huérfano.


    Yo soy, dice Dios, el Señor de las tres Virtudes.

    La Fe es una iglesia, una catedral enraizada en el suelo…
La Caridad es un hospital, un sanatorio que recoge todas las desgracias del mundo.
Pero sin esperanza, todo eso no sería más que un cementerio.

    La Fe es un gran árbol, un roble arraigado en el corazón de la tierra.
Y bajo las alas de ese árbol, la Caridad,
mi hija la Caridad, ampara todos los infortunios del mundo.
Y mi pequeña esperanza no es nada más
que esa pequeña promesa de brote
que se anuncia justo al principio de abril.

    Pero, sin embargo, esta niñita esperanza es la que atravesará los mundos, esta niñita de nada, ella sola, y llevando consigo a las otras dos virtudes, atravesará los mundos llenos de obstáculos.

    Yo soy, dice Dios, el Señor de las tres Virtudes.

    Charles Péguy (El misterio de los santos inocentes)

     

    Música y silencio

    Razones para la esperanza

    “A quien me pregunta por qué soy un hombre de esperanza, a pesar de la actual crisis, les respondo: Porque creo que Dios es nuevo cada mañana. Porque creo que está creando el mundo en este mismo momento. No lo ha creado en un pasado nebuloso, dejándolo en el olvido desde entonces. Está sucediendo ahora; por eso tenemos que estar dispuestos a esperar lo inesperado de Dios. Los caminos de la Providencia son absolutamente sorprendentes. No están en los pronósticos de los sociólogos. Dios está aquí, junto a nosotros, imprevisible y amoroso. Soy hombre de esperanza y no por razones humanas ni por un natural optimismo, sino sencillamente porque creo que el Espíritu Santo actúa en la Iglesia y en el mundo, incluso allí donde su nombre es ignorado. Soy optimista porque creo que el Espíritu Santo es siempre el Espíritu creador que ofrece cada mañana, a quien sabe acogerlo, una libertad nueva y una gran dosis de alegría y de esperanza. La dilatada historia de la Iglesia está llena de maravillas del Espíritu Santo… Juan XXIII fue una de ellas. El Concilio, otra. No esperábamos ni al uno ni al otro. ¿Quién se atrevería a decir que la imaginación y el amor de Dios se han agotado? Esperar es un deber, no un lujo… ¡Felices los que tienen la audacia de soñar y están dispuestos a pagar el precio necesario para que su sueño tome cuerpo en la historia de los hombres!”

    Cardenal Suenens

     

    Música y silencio

    ¿Qué alimenta nuestra esperanza? ¿Sabemos nosotros distinguir esos signos de esperanza en nuestra vida, nuestro mundo y nuestra Iglesia, como hacía el cardenal Suenens después del Concilio?

    Pensemos unos minutos en las personas y situaciones que alimentan nuestra esperanza.

     

    Puesta en común de las razones de nuestra esperanza

    Ponemos en común esas personas y situaciones que son la razón de nuestra esperanza. Lo hacemos tratando de hablar de personas y experiencias concretas. No decimos “yo pienso” o “yo creo que…”. Sino que narramos una experiencia, contamos un hecho, describimos a una persona.

    No debatimos ni discutimos la experiencia de los otros: las escuchamos y acogemos desde el respeto.

     

    La esperanza activa: somos las manos de Dios

    (diferentes personas leen, lentamente, los textos siguientes, con una breve pausa entre ellos)

    En la Carta de 2003, el hermano Roger, de Taizé,  recuerda: «La fuente de la esperanza está en Dios que solo puede amar y que nos busca incansablemente

    Escribiendo a los Romanos, San Pablo evoca los sufrimientos de la creación en espera, los compara con los dolores de parto. Después continua: «Nosotros también, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente» (Romanos 8, 18-23). Nuestra fe no nos sitúa en una posición privilegiada, fuera del mundo, sino que nosotros «gemimos» con el mundo, compartiendo su dolor, pero vivimos esta situación en la esperanza, sabiendo que en Cristo, «las tinieblas pasan y la luz verdadera brilla ya» (1 Juan 2, 8).

    Esperar, es primeramente descubrir en las profundidades de nuestros días una Vida que continua y que no puede parar. Acoger esta Vida incluso con un sí de todo nuestro ser. Y lanzándonos en esta Vida, somos conducidos a poner, aquí y ahora, en medio de los azares de nuestra vida en sociedad, signos de un porvenir distinto, semillas de un nuevo mundo que, a su momento, traerán su fruto.

    Taizé

    “La esperanza no es el “opio del pueblo”, sino un estímulo para la trasformación del mundo bajo el horizonte de las promesas de Dios, precisamente en favor de los más pobres y pequeños.

    La esperanza cristiana es la fuerza propulsora de todas las esperanzas intramundanas, las penetra con todos sus esfuerzos y les da nueva vida con la confianza en la misericordia y omnipotencia de Dios cuando ellas han llegado al final de la propia fuerza”.

     Kerstiens

     

    Reflexión personal sobre la esperanza activa

    Sabemos que la esperanza ha de ser activa. “Las personas necesitan sentirse amadas por Dios a través de nosotros. Esto las afirma en su humanidad, levanta su autoestima, les da ánimo para enfrentar los peores dolores”, dice la profesora de la universidad de Rio, Ana María Tepedino. Nosotros somos las manos de la esperanza de Dios en el mundo. Decía Mounier que “El reino en que creemos existe desde este instante si yo lo acepto, como un fulgor que me rodea. Es la esperanza una virtud presente, es una brecha en la angustia, una brecha en las lágrimas. La esperanza es la confianza en lo real y no un modo de calafatear con nuestros sueños nuestros fracasos presentes”.oraciones-desde-la-vida-lectura-creyente-2017

    Tener esperanza no es pedir curarse o aprobar un examen. Situar la esperanza en algo concreto y material es origen de frustraciones, aunque sea legítimo que lo pidamos. Esperar es pedir y confiar en que, pase lo que pase, de esa situación saldrá algo mejor para nosotros, aunque no lo percibamos. Esa esperanza moviliza nuestra energía interior para afrontar las situaciones delicadas, y para percibir en ellas la gracia de Dios.

    ¿Somos nosotros sembradores de esperanza?

    Pensemos por unos instantes en situaciones en las que lo hemos sido. O en las dificultades que hemos tenido para esperar…

     

    Puesta en común sobre la esperanza activa

    Ponemos en común nuestra experiencia. No discutimos ni comentamos, exponemos y narramos. Y escuchamos la de los demás.

     

    Lectura final

    “Por la fe en Cristo hemos llegado a obtener esta situación de gracia en la que vivimos y de la que nos sentimos orgullosos, esperando participar de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que hasta de las tribulaciones nos sentimos orgullosos, sabiendo que la tribulación produce paciencia; la paciencia produce virtud sólida, y la virtud sólida, esperanza. Una esperanza que no engaña, porque, al darnos el Espíritu Santo, Dios ha derramado su amor en nuestros corazones”.

    Romanos, 5, 2-5

    Música y silencio

     

     

     

  • Unas reflexiones sobre la Navidad

    Unas reflexiones sobre la Navidad

    Cada 25 de diciembre, la cristiandad celebra uno de los acontecimientos más grandes del calendario litúrgico: el nacimiento de Cristo. Si bien es cierto, cada año la fiesta se celebra ya desde la última quincena de noviembre, y en cada centro comercial se recuerda que se acerca la época de los regalos, la fiesta del consumismo. Así pues, ¿qué queda por celebrar, cuando ya parece todo narrado y dicho? Unas pequeñas reflexiones sobre lo que se celebra y que aún después de dos mil años, no se entiende, o no se ha querido entender, de lo que representa la navidad.

     

    Una familia no tradicional

    No sé, si nos hemos detenido a reflexionar un aspecto muy importante en esta historia. No hablaré del dogma de la Inmaculada Concepción. Solo resaltaré un hecho que me parece crucial: la aceptación de José de una mujer que ya estaba embarazada y que él pudo repudiar y que en esa época pudo ser apedreada hasta la muerte. Muchas veces se piensa que lo “tradicional” debe ser lo importante pero: ¿Qué hubiera pasado si José no aceptaba a María? Podemos sacar nuestras propias conclusiones. A veces, somos muy críticos con personas que no siguen “la tradición”, “el traje blanco” y demás ideas que se pueden rondar en nuestras cabezas.

    En algunas ocasiones no pensamos que el amor puede más que la tradición y que la aceptación de la otra persona, con quien se quiere compartir la vida, es lo importante. ¿Hasta dónde puede llegar nuestra concepción de creernos “perfectos”, cuando lo importante es tener un “corazón humano”, como decía Antonio Machado? Si José hubiera ido a cualquier parroquia y contaba su historia, ¿creen que hubiera sido recibido con los brazos abiertos? ¿Qué pensaría el vecindario de su “virilidad”? ¿Cómo hubiera sido tratado por los otros varones? Sin embargo, pese al pensamiento de la época (y muchas veces arraigado hasta nuestros días), José decide ser compañero de María.

     

    Una familia de refugiados

    Cuando parten al censo, a cumplir con lo que mandaba la autoridad romana, ambos salen de su hogar y se aventuran a otro lugar. Cuando se sabe que se sale de lo “conocido”, “hogareño”, se intuye que no habrá el mismo trato con los demás. Puede ser cuestión de culturas, costumbres, idiomas o incluso de personalidades. Cuando estás en tu hogar, sabes que siempre te ayudarán, sabes que puedes llamar a alguien y te dará la mano. Pero, cuando sales de esa “comodidad”, sabes que te enfrentarás a duras realidades. Eso es lo que sucede a esta pareja. Al ver José que María entraría en labores de parto, pide ayuda. Nadie sale a auxiliar a la pareja. Nadie presta atención a ese sufrimiento, se refugian en sus casas. Quizás por miedo, quizás por seguridad, quizás por comodidad, quizás por desidia. El resultado es el mismo. Nadie presta auxilio a la pareja.

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    José debe ayudar a María en el alumbramiento. ¿Habría tenido agua caliente? ¿Habría tenido sábanas limpias? Se sabe que fue en una granja. Un pesebre, rodeado de animales y que esa situación no es nada idílica o bucólica, como la que vemos en los nacimientos. Hacía frío y lo único que tenían para abrigarse era la paja del establo. ¿Habrían tenido algo con qué alumbrarse? Lo más seguro es que no. En esas condiciones: ¿Cómo puede ser posible que se siga pensando en un lugar “hermoso”, cuando es una situación de muerte? Pudo haber muerto el niño, pudo haber muerto la madre por desangramiento o por alguna infección. Pudieron haber muerto los tres de frío. Pero, a nadie parece haberle importado esa situación. ¿Ha cambiado esa actitud del ser humano hacia otro ser humano en los últimos veinte siglos? ¿Somos guardianes de nuestro prójimo, de nuestro hermano?  Es fácil sentir lástima con quien sufre cuando tenemos todas las comodidades. Pero, cuando somos los sufrientes  nos preguntamos: ¿Dónde están los demás para ayudarnos?

     

    Una gran lección

    Cuando nace Jesús, se dice que nació un “rey”. Eso se celebra el seis de enero. ¿Qué significa este título de realeza? Esta puede ser una gran paradoja. Cada quien tiene una idea de lo que es un rey, por historia se supone que es alguien con autoridad, con fuerza, con poder, con riqueza. Sin embargo: ¿Qué muestra el nacimiento de Jesús con lo que entendemos por “realeza”? Quizás debamos quedarnos solo con la primera parte de la palabra “real”. La grandeza de este relato es que Dios se hace hombre y nos dice: “Yo soy como ustedes”, “Soy uno más con ustedes”.  Esta es la más grande lección que nos da este pequeño, que nos da este relato, que Dios es como nosotros. No es superior a nosotros, es tan igual como nosotros. No es inalcanzable, puesto que se ha hecho uno más como nosotros. No es un ser abstracto, es un ser real. Y lo más importante: es tan igual como tú y como yo.

    El momento, el cual  el ángel se presenta a los pastores y les dice que vayan a adorarlo. Solo les dice: “Vayan y miren con sus propios ojos lo que significa esta revelación”. “Dios está entre ustedes y con ustedes”. Se ha hecho carne y quiere compartir su vida con todos”. Alguien tan pequeño, tan frágil puede dar mucha vida. ¿En qué momento compartimos esa vida, nuestra vida con los demás? ¿Cuándo dejamos de ser “reyes” para volvernos “reales”. ¿Cuándo salimos al encuentro del otro, en vez de ensimismarnos?

    A lo largo de su vida, Jesús va perfilando el reino que quiere construir con nuestra ayuda. Ese reino que lo tenemos que edificar con nuestras manos y nuestras fuerzas. Ese reino que es tan claro en Mateo 25,34-40. Y que aún veinte siglos después, no lo hacemos. ¿Cuál es la ofrenda que pide este rey? Muchas veces vemos en los museos, los regalos que se hacían a los reyes: Joyas, tierras, esclavos, etc.

    Este Rey no pide nada. “No es de este mundo”,  porque no hace lo que hicieron o hacen los reyes. Vino a servir y no a ser servido. Solo tiene un mandato que lo describe Juan 13,34: “Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”. Este es el único mandato que nos exhorta a seguir. Sin embargo no somos capaces de corresponder a este mandato. Nos puede más nuestra rebeldía, que seguir con la “orden” de este Rey. Han pasado dos mil años y aún en este lado del mundo, occidente, no ha aprendido nada de este niño, de este regalo, y lo más inquietante es que lo celebramos todos los años. Es un memorial que hemos acomodado a nuestras expectativas, a nuestros propios deseos y no hacemos nada de  lo que este niño nos vino a demostrar. E incluso, lo hemos reducido a un par de días de “vacaciones”, a un par de acciones para “aliviar” nuestra conciencia. Sin tener el menor reparo de que al pasar este día, volvamos a nuestras rutinas para otra vez “esperar” la navidad.

    Volvamos la mirada a nuestro Rey, volvamos la mirada a su deseo. Y  si lo hacemos de verdad, se cumplirá lo que Él dijo en Mateo 6:33. “Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura”.

    Que estas palabras se guarden en tu corazón como motivación y aliento para que podamos vivenciar todos los días la navidad. El simple reconocimiento de que: “Dios está entre nosotros y con nosotros”, y que esa existencia se refleja en nuestro prójimo, en nuestro hermano.

     

    Miguel Ángel. Comunidad PX II- Madrid

  • El Equipo Permanente se reúne en Madrid con los grupos de la Diócesis

    El Equipo Permanente se reúne en Madrid con los grupos de la Diócesis

    11/02/2016. El pasado sábado 6 de febrero, se celebró un encuentro entre los grupos de Profesionales Cristianos PX – Madrid y la Presidenta del movimiento, María José Toledo Serrano.

    El encuentro sirvió para confraternizar entre los grupos y analizar el devenir como movimiento en Madrid. En especial, en afianzar el trabajo con miras al nuevo trienio. Además de recibir el aliento y el encargo de María José de seguir siendo «profetas de nuestros tiempos«. En particular en el mundo profesional, como lugar teológico, para la construcción del Reino de Dios en nuestra historia.

    Esta visita es una de las tantas que el Equipo Permanente, y María José en concreto, ha asumido con el fin de acompañar con su «presencia y oraciones«.

    Gracias, María José y Equipo Permanente por velar por nosotros/as.