Categoría: Experiencias Profesionales

  • La alegría de dar. Trinidad Ruíz Téllez

    La alegría de dar. Trinidad Ruíz Téllez

    Durante el pasado mes de Mayo, he estado impartiendo una formación sobre Ecología Integral, a un grupo de personas adultas que se encuentran realizando los estudios específicos para Agentes de Pastoral, que organiza la Escuela Diocesana de Formación de Laicos de mi diócesis (Mérida-Badajoz). Ha sido una experiencia muy gratificante para mí, que soy profesora de Botánica jubilada, tener la oportunidad de compartir con los asistentes la vivencia de dar clase. Preparar los materiales, estar atenta a cómo se recibían los contenidos que íbamos tratando, e incluso la interpelación personal que cada cual percibía en función de lo que se dialogaba en algunas dinámicas que íbamos planteando. No había unanimidad, surgió el diálogo y el coloquio más o menos apasionado en alguna ocasión. Me esforcé en clarificar las diferencias y semejanzas entre Ecología y ecologismo, las distintas ramas de la Ecología, y la Ecología Integral, difundida por el papa Francisco, pero enraizada en el Magisterio de la Iglesia y formulada en el Catecismo, para conocimiento de quienes aman de modo particular la tradición y la doctrina. Me sorprendió el interés por el tema de los asistentes, y el desconocimiento que confesaban sobre estas cuestiones. Después profundizamos en las vinculaciones directas de la Ecología y la Teología, y también en las de la Ecología con la Economía. Aquí dí datos con la intención de que encontrasen evidencias lógicas de cómo muchos de los asuntos que se nos presentan como problemas ecológicos tienen en su trasfondo, una causa económica. La consecuencia fue un cambio de percepción, de mirada, que ellos mismos expresaban en los diálogos finales y que a mí me llenó de satisfacción en el sentido de que sus comentarios me hacían ver que se había logrado el objetivo que nos planteábamos desde la Escuela Diocesana, esto es: que los contenidos de la Ecología Integral se entendiesen de modo práctico como lo que son: una parte de la Doctrina Social de la Iglesia.

    En mis viajes de ida y vuelta a las clases (éstas se impartían en una localidad que está a unos 50 minutos de donde yo vivo, oraba muchos días dando gracias a Dios por esta actividad que me habían propuesto, por la confianza depositada en mí por parte de los organizadores, por la atención y el interés de las personas asistentes. Me vienen a la mente las palabras de San Pablo  (Hch 20:35) “hay más alegría en dar, que en recibir”.

  • Dios entre rejas

    Dios entre rejas

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    [et_pb_column type=»4_4″][et_pb_text admin_label=»Text»]Primera noche tras terminar el campo de trabajo en Basauri. Vuelta a la rutina, a las obligaciones del día a día, vuelta a nuestra libertad y a casa. Insomnio. Muchas emociones concentradas, el recuerdo de las situaciones vividas, de los olores, de las imágenes, las lecciones de vida aprendidas…todo busca dónde ubicarse en la cabeza, que no para de dar vueltas.

    Y recuerdo aquella primera opinión que nos pidió Jorge en la sesión de formación previa: ¿Qué es para ti la cárcel? Sólo cinco palabras. Y veo cómo esas palabras han cambiado tras la experiencia con los presos. En aquella primera aproximación a la idea de la cárcel, en mí destacaba con fuerza la palabra “miedo”: miedo a los presos, miedo a lo desconocido, miedo a mis propias reacciones cuando sabes que estás ante gente que ha cometido delitos que les han llevado hasta allí, miedo a no saber muy bien qué hacer, a meter la pata en mis comentarios con ellos,  miedo…Hoy, sólo unos días después, me sorprendo de mi propia transformación de la palabra cárcel, donde ya el miedo ha desaparecido como núcleo central. Ahora la cárcel ya no es “Miedo”, “Incertidumbre” y “Angustia”.

    La experiencia de la cárcel es difícil de resumir. Pensaba que ir a la cárcel era entrar en “un mundo sin reglas”, más allá de las propias que establecen los funcionarios y la legislación y eso es lo primero probablemente que me llamó la atención, porque está muy lejos de la realidad. La cárcel tiene reglas, muchas, muchísimas…sus propias reglas, distintas y desconocidas para el mundo fuera de los muros. ¡Hay reglas hasta para el parchís distintas! Y reglas de convivencia propias, de respeto entre ellos, de solidaridad. Muchas reglas, porque cada pequeña cosa allí vale un mundo (¡nunca pensé que un cigarro podía “valer” tanto!).

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    Me sorprendió también cómo la cárcel es para muchos un sumidero de esperanza, que acaba desgastando, hasta un punto en que ellos mismos no recuerdan los derechos y la dignidad que les caracteriza como personas. En esa línea recuerdo que uno de los internos me decía que los voluntarios éramos los que llevábamos la alegría y la esperanza a la cárcel, donde sentían que no importaban a nadie. Que allí todos los días son iguales. Que el tiempo pasa desesperantemente lento y hay que “matarlo” con parchís, con cartas, con ajedrez, con palas… Vi en ese comentario la importancia de la labor de muchas personas (Jorge para mí como rostro más visible) que de manera constante dedican parte de su vida a ser esperanza para estos olvidados de la sociedad.

    Y en medio Dios, que nos da oportunidades siempre de acercarnos a él a través de los pobres, de los excluidos.

    Dios, que se hace visible en cada rincón de la cárcel y, de manera especial durante la misa. En la cárcel la Eucaristía se convierte en una experiencia casi mística: de compartir entre hermanos que se sienten verdaderamente iguales, el cuerpo y la sangre de Cristo y la vida tal cual, sin filtrar, que se presenta como ofrenda ante el altar. Me dio la sensación de que la Misa es, para los presos, la experiencia más cercana a la libertad que viven allí dentro, donde pueden compartir libremente sus experiencias, sus frustraciones y su soledad (Misoterapia, como alguno comentó muy acertadamente).

    Doy gracias por la experiencia, por haber podido compartir tanto y aprender tanto, con “los de dentro” y con “los de fuera”.

    Doy gracias por el poso que este campo de trabajo ha dejado en mí,  y porque Jesús me recuerda, siempre que me dejo, que verdaderamente merece la pena seguirle.[/et_pb_text][/et_pb_column]
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  • La vivencia de la injusticia en el ámbito profesional

    La vivencia de la injusticia en el ámbito profesional

    Soy Roser, profesora de religión de secundaria y bachillerato de un instituto de Palma.

    El curso anterior, a finales del mes de junio, supe que Conselleria de Educación había planteado un ERE de los profesores de religión porque había, sobre todo en secundaria y bachillerato, un número  importante de profesores que no tenían todos los requisitos para trabajar. Era una situación irregular que hasta ese momento no se había puesto sobre la mesa y que requería que se normalizara. No había un baremo hecho transparente y objetivo.

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    El delegado de enseñanza juntamente con los representantes del sindicato nos comunican que comienzan las negociaciones sobre el ERE, negociaciones en las que el obispo no estará presente. Se crea un comité con los representantes del sindicato y algunos profesores de primaria y secundaria.

    Comienzan las negociaciones que durarán los dos meses de verano. Hasta  finales de agosto no supimos cómo  quedaba  nuestra situación.

    A finales de junio hubo una manifestación delante de Conselleria de los profesores de religión. En esta manifestación estuvo el  delegado de enseñanza  pero no estuvieron ni el obispo ni el consiliario  nombrado  por el obispo, consiliario que hasta ese momento  no conocía. Me dolió no encontrar a estas  personas que año tras año nos envían a la misión de enseñar a los niños y  jóvenes la asignatura de religión.

    Me dolió no encontrar a estas  personas que año tras año nos envían a la misión de enseñar a los niños y  jóvenes la asignatura de religión.

    El delegado de enseñanza, un joven laico, estuvo presente durante todas las negociaciones pero no estaba preparado para gestionar este problema ni representa la misma autoridad que representa el obispo. El consiliario sólo estuvo en la última mesa de negociación en la que Conselleria decidió no despedir a nadie pero dejaron a media jornada a ochenta profesores de primaria y secundaria. Los contratos no se modifican. A mí, un amigo que forma parte del comité, me comunica por teléfono pocos días antes de empezar el curso que quedo a media jornada y me  trasladan de centro, a un instituto que está muy cerca del centro en el que trabajaba.

    Quedo a media jornada teniendo todos los requisitos para trabajar con un buen currículum (licenciada en filosofía, licenciada en estudios eclesiásticos y máster en bioética, además del nivel de catalán  que se nos exige y  la DEI y el CAP, la parte pedagógica para enseñar) y 8 años de antigüedad, siempre en un único instituto y a jornada completa.

    A esto hay que añadir que, como no se nos modifica el contrato, y yo continúo siendo indefinida, no podemos cobrar la parte correspondiente a la media jornada, quedando así en una situación económica un poco complicada.

    El escándolo de estas negociaciones es que Conselleria pide al obispado que presente la lista con el profesorado que propone para poder asignar las plazas.  El obispado vuelve a presentar al mismo profesorado, tuviera o no toda la titulación y pide que cada profesor conserve el instituto donde trabajaba. Conselleria hace tres bloques: A (profesores liberados para el sindicato y profesores del comité), B (profesores que tienen toda la titulación, yo estaba en este bloque) y C (profesores que no tienen toda la titulación) y se nos ordena por antigüedad. Y a partir de aquí asignan según la matrícula o media jornada o jornada completa. Juntan institutos por proximidad geográfica para tener jornadas completas. El instituto donde trabajaba se une a otro instituto de la zona. A mí me mantienen en esta plaza, a jornada completa, en un primer momento, pero como el  profesor que trabajaba en el otro instituto estaba liberado para el  sindicato no podía quedar a media jornada y a última hora, no teniendo este profesor todos los requisitos para trabajar, le asignan mi plaza y a mí me desplazan a otro  instituto y me dejan a media jornada. Quiero insistir en que quedo en esta situación para salvar legalmente ante un ERE que se plantea en un primer momento a un profesor que nos representa en el sindicato que no tiene todos los requisitos exigidos.

    Al ver cómo se gestionaban las cosas se me rompió la confianza tanto en el sindicato como en el obispado.

    A mí, cuando se me comunica cómo queda mi situación, lo primero que hice fue pedir que me enseñaran la lista en la que  quedaba reflejada la situación de cada profesor, para poder entender cómo se habían hecho las cosas. Ante esta petición la respuesta recibida por parte del sindicato y el obispado  fue que esta información es confidencial. Es por eso que a la mañana siguiente fui  a Conselleria a pedir información y me la dieron. Me dijeron que el obispado tenía la posibilidad de asignar las medias jornadas o las jornadas completas hasta  el momento de la firma de los contratos.

    En aquel momento me puse en contacto con el consiliario y me dijo que lo único que podía hacer era plantearlo al sindicato. También me puse en contacto con el vicario para exponerle lo que había pasado y cómo se habían hecho las cosas y para que me pusiera en contacto con el obispo.  Este encuentro debía ser antes de la firma de los contratos. Su respuesta fue que él debía estar en las fiestas de los pueblos de los que él es rector y que el obispo tenía la agenda muy llena. Esta fue la respuesta de la jerarquía de la Iglesia.

    No obstante, pedí cita para poder hablar con el obispo junto con dos compañeros más y le expusimos que era urgente que hicieran un baremo riguroso para recolocar de forma justa a los profesores. El obispo nos atendió y nos escuchó y mostró su preocupación pero su propia situación personal no le permitía actuar.

    Planteé a la Conselleria también la urgencia e importancia de hacer un baremo.

    Con la llegada del Administrador Apostólico tuve la oportunidad de exponer cómo había vivido todo este proceso, pude expresar el sentimiento de abandono por parte del obispado. Fui a buscar al consiliario, al vicario y al obispo y no encontré a nadie.

    Me entristeció mucho ver cómo en la última mesa de negociación tanto el consiliario como el delegado de enseñanza que nos conocen a todos, saben si tenemos toda la titulación o si no la tenemos, pudieron aceptar el listado que mostraba la situación en la que quedaba cada profesor. No deberían haber consentido que profesores que tenían todos los requisitos para trabajar y muchos años de antigüedad quedaran a media jornada. En ese momento, antes de levantarse de aquella mesa, deberían haber recolocado a los profesores de forma justa.

    La llegada del Administrador Apostólico ha cambiado mucho las cosas.

    Nos escuchó, tomó nota y actuó. Se reunió juntamente con el delegado de enseñanza con el Conseller y acordaron que para el próximo curso se haría un baremo similar al que se hace para los interinos. Se nos asignará la plaza según los méritos de cada uno y a aquellos que les falte algún requisito para trabajar se les dará un tiempo para que se puedan acabar de preparar.

     

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    Debemos ser críticos con lo que ha pasado. El consiliario y el delegado deben conocer la realidad de cada centro. Cada profesor debe dar cuenta de su programación y debe cumplirla. Se debe hacer un seguimiento por parte del obispado. Cabe insistir también en la importancia de los cursos de formación para poder crecer como profesionales. Algunos profesores han hecho mucho daño a esta asignatura y a nosotros mismos como profesionales haciendo que muchos profesores del claustro no respetaran este colectivo, porque durante muchos años algunos profesores no han hecho la programación y si la han hecho no la han cumplido. Algunos profesores no han hecho nada en las clases de religión y esto ha sido un escándalo.

    Quiero concluir diciendo que he presentado este caso en el grupo al que este curso me he incorporado y hemos hecho una revisión de vida trabajando desde el VER, JUZGAR y ACTUAR.  A mí el ser escuchada por personas de tanta calidad humana me ha hecho mucho bien. Y releer algunos pasajes bíblicos como Am 5, 24;  Mt 5;  Mt 6, 25-34 o Ef 6, 14 “Poneos en pie, ceñida vuestra cintura con la verdad y revestidos de la justicia como coraza” me han dado paz en el corazón y han sido mi fuerza para actuar.

  • Con la confianza puesta en Ti

    Con la confianza puesta en Ti

    Parece que por fin se ha cumplido un deseo que guardaba desde hace varios años…

    Soy una chica joven, y desde que acabé mi carrera como maestra de educación especial opté por no seguir el camino de las oposiciones: un camino duro pero que, como todos dicen, te acaba llevando a una estabilidad y un trabajo de por vida. Esa idea, por muy tentadora que resultara no me convencía. Yo quería vivir mi vocación al máximo, aprender, tocar la discapacidad, dejarme enamorar por estos niños y jóvenes que tanto te enseñan. Y así, comencé mi camino por distintas asociaciones de Badajoz que trabajaban con personas en riesgo de exclusión social y años después, con mis pequeños de Habilitación Funcional y Atención Temprana.

    Como terapeuta, he crecido enormemente.

    Cada una de mis etapas laborales en los distintos sitios me ha aportado un grado más de experiencia, cariño y el buen hacer del trabajo en equipo no solo mirando por aportar, sino por enriquecerme enormemente de todo lo que cada uno de mis compañeros me han regalado estos años.

    Mi recorrido profesional siempre ha sido agridulce: a la vez que me sentía afortunada por todo lo que recibía y aprendía de mis niños y todo lo que avanzaban a mi lado, por otro lado me sentía frustrada y enfadada con un sistema, una estructura que no beneficia a las asociaciones. Por unas condiciones de trabajo que, a medida que pasaban los años, las veía incompatibles con la vida familiar. Qué triste que lo bonito de la profesión se nublara por las “condiciones laborales”. Y por desgracia veía que eso pasa en tantos sitios…

    Esta experiencia te hace sentir poco valorado y notas que el tanto tú, como el equipo que está contigo codo con codo, por una labor tan importante y hermosa, se merece más.

    Pasé épocas muy agobiada y poco esperanzada. Y le pedía al Padre incesantemente que me abriera otra puerta, que mejorara mi vida: “Padre, necesito un cambio. Un trabajo mejor. No sentirme así…”. Parece que esa oportunidad nunca llegaba.

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    El año pasado, en uno de estos momentos de crisis, asistí a un encuentro de profesionales cristianos sobre la fraternidad en el mundo laboral. Asistí con ganas, pero sin muchas expectativas. Y sin embargo, el Padre me habló. En medio de mis angustias, encontré el testimonio de una chica en paro que me interpeló. Me ayudo a relativizar, a ver el trabajo como una parcela más de mi vida. Me ayudó a no sentir angustia por el futuro, sino ser valiente y enfrentar el presente.

    En ese momento, entendí el mensaje que Él me quería transmitir: acogía mi oración, pero me pedía que aprendiera a valorar el momento que vivía. A confiar en que Él me escucha. A disfrutar del proceso, esperando con paz lo bueno que queda por llegar.

    Y es que así fue. Cuando más tranquila estaba, otra puerta se abrió.

    Llevo meses trabajando como maestra de apoyo en un colegio. El cambio fue difícil, duro. Pero le doy gracias a Dios por todo lo bueno del camino. Sigo dando pasos, sigo creciendo y creyendo que el Padre me pondrá allí donde se me necesita para, con cariño y desde la vocación, enseñar y aprender cada día.

     

    Marta Gallego

    Profesionales Cristianos. Badajoz.

  • Recreando mi baja laboral: la profesión en lo hondo

    Recreando mi baja laboral: la profesión en lo hondo

    Soy Ana, del grupo de profesionales de Palencia. Soy Trabajadora Social y trabajo en un Equipo Educativo y Psicopedagógico en diferentes colegios de Infantil y Primaria, en los que desarrollo mi profesión.

    Cuando me propusieron realizar la monografía como lectura creyente desde la profesión, dije que yo estaba de baja, ¿cómo iba a hablar ahora de la profesión? Por una mala pisada al final de las vacaciones estoy de baja recuperando mi tobillo. Ocurrió en un momento en el que iba a iniciar una nueva etapa profesional y personal  que me hacía mucha ilusión, me trasladaba a Burgos a un nuevo destino.

    Y sin embargo, realmente puede que este periodo acabe siendo muy fructífero a nivel profesional. Explicó el porqué.

     

    FAMILIA y DEPENDENCIA

    Juan 8,1-11 La mujer adúltera

    Jesús se fue al monte de los Olivos. Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba. Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?.Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella” E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra.Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?Ella dijo: “Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más”

    experiencia-profesion-px-palencia-2017-repensar-hondura-eticaViviendo desde hace años independiente, mis padres saltaron a primera escena. Su ayuda ha sido excelente: paciencia, comprensión, sin juzgar, atención, apoyo logístico…el amor incondicional. Pero la convivencia no siempre es fácil y en especial mi padre está viviendo esta etapa de su vida de forma más dificultosa: desde la energía, iniciativa y actitud resolutiva que recuerdo de él, aparece una persona dubitativa, repetitiva,..

    Mi padre, desde su debilidad me ha hecho ver cuán teóricas son todavía determinadas actitudes que se presuponen en mí por mi profesión: la escucha, la aceptación, la paciencia. Y por tanto él me ha permitido día a día poner plasmar de verdad estas actitudes.

    Me reconozco pecadora al criticar actitudes inhumanas de falta de paciencia, escucha y respeto en otros,  y yo no ver mis propios pecados en este aspecto.

    En nuestra profesión (y en todas) lo personal y profesional no va tan separado, ¿cómo puedo promover estas actitudes en las familias y personas en dificultad, si yo no las vivo realmente?

    Una actriz y dramaturga palentina, Mercedes Herrero, es la creadora e intérprete de la obra “Acunar el viejo árbol”, cuidar a quienes nos cuidaron. Y según sus palabras navega   reflexiones como: “¿Estamos dispuestos a parar, a nombrar, a tener en cuenta lo no productivo, lo pequeño, lo invisible…? ¿Cómo quiero cuidar?” (Laura Fraile. Último Cero)

     

    FORMACIÓN

    Mateo 24, 10-13

    Muchos se escandalizarán, se traicionarán, y odiarán unos a otros. Surgirán muchos falsos profetas y engañarán a muchos .El exceso de la maldad enfriará la caridad de mucha gente, pero el que persevere hasta el fin se salvará.

    Como profesionales va en el contrato la formación y el reciclaje constante. Por supuesto hay épocas en que esto puede ser más o menos intenso.

    Estoy aprovechando este periodo para leer a aquellos y aquellas que me pueden dar luz para que mi intervención sea mejor.

    Como os pasará a los que trabajáis en el mundo de la acción social y la educación, a veces reproducimos modelos de intervención repetitivos, ineficaces, obsoletos… Y, al menos en mi caso, el deseo de dar una imagen resolutiva ante los directores y profesores de colegios, las prisas,…me hacen caer a veces, en una intervención deshumanizante.

    Sé que la coordinación entre diferentes profesionales y sistemas, y el trabajar de diferente manera es difícil. También experimento que el mundo de la pobreza es complejo, de muchos ángulos… Por ello pido al Señor que ese hecho no me haga tirar la toalla ante la primera dificultad que aparezca una vez que me reincorpore.

    Como profesionales, la lectura y revisión constante es necesaria. La lectura desde cierta distancia de la vorágine del día a día, me ha permitido revisar algunas intervenciones realizadas en mi trayectoria profesional. A veces con dolor, a veces con nuevas ilusiones.

     

    SISTEMA DE SALUD Y DERECHOS HUMANOS

    Marcos 8, 34-36

    Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí y por el evangelio la salvará. ¿De qué le vale ganar el mundo entero si pierde su vida?

    Me urge además un activismo social, más allá de las fronteras de mi trabajo, unirme a iniciativas que ya están en marcha.

    Al mismo tiempo que como profesionales podemos dar una visión más completa de los retos a los que nos enfrentamos, hacer pedagogía en este aspecto, y así frenar análisis rápidos, confusos y superficiales.

  • Manos que sanan y curan

    Manos que sanan y curan

    Os diré que soy esposa, madre de dos hijos y profesionalmente ejerzo la medicina y la fisioterapia. Hoy me voy a centrar en mi vida profesional.

    En mi trabajo me dedico a escuchar y aliviar o curar cuando se puede los dolores musculares, articulares y un largo etc. con mis manos. Lo hago desde un gabinete que dirijo y en el cual trabajan otras tres personas más.

    Vivo mi trabajo con auténtica pasión y vocación. Siento que es el Padre quien me ha puesto donde estoy y que la tarea que realizo me permite poner a disposición de los demás los talentos que se me han regalado.

    Para entender lo que hago y por qué, tengo que remontarme al pasado. Creo que fue importante que en mi etapa de estudiante estuviera en la JEC, ya que me dejó muy claras algunas cosas, de las que destacaría tres:

    • La fe y la vida tienen que ir unidas;
    • Cuantas más oportunidades se tienen, más hay que aprovecharlas para luego poner todo el bagaje recibido al servicio de los demás;
    • Hay que dirigir siempre la mirada hacia los más desfavorecidos.

    Esto me influyó a la hora de tomar decisiones:

    • Ubicar el gabinete en un barrio y no en el centro;
    • Unificar toda mi formación y desarrollarla con mis manos sólo era posible a través del ejercicio privado;
    • Mi actividad profesional podía generar dos o tres puestos de trabajo y esto no se podía perder.

    Todo esto, dicho así, parece que suena muy bien. Sin embargo os puedo asegurar que gestionar un centro y mantener los contratos de trabajo es complejo y he vivido el desierto, las dudas y las tentaciones de abandonar e irme a un centro que gestionara otra persona y dedicarme únicamente a ejercer mi profesión en solitario.

    En muchos momentos me he parado a preguntarme sobre cómo ejerzo mi profesión y qué es lo que ofrezco. Creo que lo que fundamentalmente transmito a los pacientes cuando les recibo es que me importan. Me importa no sólo su dolor sino toda su persona. Los casos más difíciles me conmueven, me mueven por dentro. Desde este sentir, los pacientes saben que su dolor, su problema, ya no es solo de ellos. Yo soy su acompañante.

    No todos los que vienen a mi centro tienen que pagar su tratamiento, hay aseguradoras que lo hacen. Esto permite que venga todo tipo de personas, desde  los más preparados o con más medios, a los parados o los de muy bajo nivel económico y cultural. Me sorprendo a mí misma sintiendo cómo, con estos últimos, se me rompe el corazón al ver que su pobreza llega a extremos dolorosos:

    • Cuando no aprovechan un tratamiento que no tienen que pagar y abandonan antes de que se les dé el alta;
    • O no llegan a la hora y pierden parte de su sesión;
    • O cuando, carentes de las mínimas habilidades sociales, son incapaces de gestionar lo que les pasa.

    Para situarme con todos y especialmente con estos últimos y no dejarme llevar por la desesperanza, el dolor, o hacer tan solo lo éticamente correcto, ha sido imprescindible ir cambiando mi mirada, mirando al otro como imagen de Dios. Esto es lo que me permite hacer más livianos los aspectos más costosos de mi trabajo.

    Mari Sol. Profesionales Cristianos Zaragoza

  • Crisis y fraternidad

    Crisis y fraternidad

    Todo el mundo –menos algún político interesadamente despistado- sabe que estamos en crisis, aunque ésta no afecta a todos por igual. Nosotros somos, aparentemente, parte de los privilegiados de la sociedad. Los señores arquitectos –digo bien porque antes apenas había mujeres en el gremio- parece que formamos parte de esa minoría elitista que obtienen muchos ingresos trabajando poco; engreídos y para rematarlo con espíritu de artistas. Es una fama, –mala fama- merecida, sin duda. ¡Que distante la percepción que socialmente aún se tiene de nosotros, de la realidad actual de la mayoría de los 50.000 arquitectos que intentamos trabajar en España!

    Para mí, en lo profesional esta no está siendo una buena temporada.

    Es más, puedo decir tranquilamente y sin dudar, que está siendo la peor temporada desde que hace más de 16 años constituí junto con mis socios (inicialmente dos, ahora solo uno) la que es nuestra empresa, nuestro “estudio” como solemos llamarlo los arquitectos. Ni cuando empezamos teníamos tan poco trabajo, y sobre todo ganábamos tan poco. Lo de crear una “empresa” fue entonces la manera de dar forma jurídica a una relación profesional entre compañeros con similares inquietudes que de otra manera era difícil de llevar a cabo. En nuestro caso hacer una “sociedad mercantil”, -por feo que suene-, desde el principio ha sido una forma de poder canalizar nuestro quehacer profesional, trabajando en equipo. Entendemos, en este sentido, que ser empresario supone básicamente un gran compromiso con las personas con las que trabajas, y de la empresa hacia el conjunto de la sociedad, en la parte que compete a cada profesión. En nuestro caso transformar el entorno físico para hacerlo más habitable y seguro, de forma que facilite la convivencia y el desarrollo de las personas.

    Experiencia profesional-px-profesionales-cristianos-crisis-2016En estos 16 años de trabajo hemos tenido de todo, experiencia positivas y negativas: demandas judiciales injustas y complejas –final y felizmente resueltas sin problema alguno- temporadas de mucho trabajo, de poco, impagos de clientes, alegrías por ganar concursos, decepciones por perderlos, adjudicaciones proyectos, inauguraciones de obras de las que nos sentimos orgullosos, clientes satisfechos, sinsabores por problemas en las obras,… . Hemos tenido que trabajar mucho, que buscarnos el trabajo cada día, que estudiar mucho, que conciliar nuestro trabajo con el cuidado de nuestras familias,… Nada, al fin y al cabo, que no esté en el guión de cualquier profesional medianamente responsable.

    En esta última temporada, que se alarga ya por más de dos años, los obstáculos han sido ya casi insalvables, hasta el punto que a final del año pasado decidimos cerrar nuestro estudio de arquitectura. Situación a la que nos veíamos avocados tras consumir todos los recursos económicos propios de la empresa y los personales de los socios. No daba para más y no queríamos dejar de pagar a nadie que hubiera trabajado con nosotros o nos hubiese prestado un servicio.

    Finalmente no cerramos, un contrato con una institución que nos promete continuidad en el tiempo, nos permitió replantear la situación “in extremis”. Actualmente nos mantenemos, con grandes dificultades económicas, a pesar de trabajar más de 10 horas diarias. En lo económico nuestro trabajo como arquitectos en estos tiempos de crisis se ha devaluado tremendamente. Las estadísticas oficiales indican que el visado de proyectos y direcciones de obra en los colegios profesionales –indicador inequívoco del trabajo desarrollado en el sector-  ha sido en 2014 únicamente un 10% del volumen existente antes de la crisis, en 2006. Cierto es que 2006 presentaba una cifras excesivas –fruto de la famosa de la burbuja inmobiliaria- pero ¿Qué sector puede soportar un desplome de un 90% su volumen de negocio?

    Es un auténtico disparate. Los jóvenes recién titulados están ahora a muchos kilómetros de nuestras fronteras, los que llevaban años e hicieron caja en los buenos tiempos se han jubilado, y los que quedamos en por aquí “matamos” por conseguir un cliente a cualquier precio.

    La mayor parte de la estructura profesional anterior, compuesta principalmente por pequeños estudios de uno, dos o tres profesionales se ha desmantelado. Han sobrevivido los muy grandes o los muy pequeños. Los primeros por tener tamaño y capacidad técnica y económica para trabajar desde España en el extranjero, siendo ellos los que están empleando a muchos profesionales en el exterior (Chile, Panamá, Emiratos Árabes, China…) Los segundos ya no tienen despacho abierto, son arquitectos que ahora trabajan en casa, solos, sin equipo,  ahorrándose los gastos fijos de estudio (alquiler, teléfono, calefacción, etc.), y los salarios de  trabajadores, rebajando el precio de los servicios que prestan por debajo de su coste de producción real.

    Las oficinas de proyectos de nuestro tamaño y estructura: dos socios arquitectos, y un trabajador, prácticamente ha desaparecido. Antes de todo esto, en nuestro entorno próximo nosotros éramos un estudio pequeño, dedicado a todo aquello que casi nadie quería por poco rentable económicamente: restauración, rehabilitación, obra pública -educativa o de protección oficial- y otras cosas entonces “raras” como la sostenibilidad en la edificación. Hoy, en una ciudad pequeña como la nuestra, somos casi los únicos con tres personas y oficina abierta público –de milagro-. La rehabilitación o la supuesta sostenibilidad se han convertido en meras marcas -tabla de salvación- que lo impregnan todo aun cuando se hagan sin fundamento (como diría Arguiñano).

    Mantener nuestra estructura, nuestra empresa, entendemos que no es una apuesta sin sentido. Tras años de trayectoria creemos que el trabajo en equipo de pequeño tamaño, cercano a los clientes, es la fórmula que permite conciliar los cada vez más complejos aspectos técnicos y normativos con la proximidad a los problemas reales de las personas para las que trabajamos. Es también una inversión social que no debería de perderse ni en el nuestro, ni en ningún caso: dinámicas de trabajo y años de experiencia profesional acumulada que se desvanecen probablemente en el momento que nuestra sociedad más lo necesita.

    ¿Dónde está la experiencia de fraternidad en este maremágnum que os he narrado?

    En esta temporada hemos intentado todo: búsqueda de clientes públicos y privados, propuestas a instituciones y organismos, concursos y más concursos,… Hemos trabajado muchísimas horas, con mucho esfuerzo de producción y creatividad, para casi nada. Socios y trabajador hemos puesto lo que estaba a nuestro alcance: ganas, tiempo y dinero. Hemos compartido esta experiencia realmente dura, que lo ha sido menos precisamente por compartirla. No es habitual en estos tiempos emplear la palabra “fraternidad”. Parece reservada a algunas comunidades y ámbitos muy reducidos, generalmente apartados de la vida convencional que podemos llevar cualquiera de nosotros.

    Experiencia profesional-px-profesionales-cristianos-crisis-2016En el estudio estamos juntos en esto. Compartimos criterios, nos apoyamos, reflexionamos, maduramos las ideas y buscamos caminos para encauzarlas. Lejos de tener tensiones internas vivimos estos momentos desde la dificultad económica (suplida con el hecho de que en nuestras familias entra un sueldo mensual estable), haciendo equipo e intentando ser fieles a nuestros planteamientos iniciales.

    Mis compañeros no son creyentes, lo que en absoluto dificulta una visión compartida de la situación y la formulación los planteamientos conjuntos pensando en el interés común (al menos así intentamos hacerlo). Aunque con ellos no lea el Evangelio desde el comienzo hemos intentado regirnos por planteamientos como el de la parábola que se cita en Mt 8,24: “El hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca.“  Es uno de los textos más “arquitectónicos” del Nuevo Testamento y me gusta citarlo siempre que tengo ocasión. Una buena base, una buena cimentación, -fundamentos- como los llamaban los romanos, son promesa de futuro incluso en los peores momentos y situaciones.

    No llegamos, como creo que en general tampoco llegamos en nuestras comunidades cristianas, a los planteamientos de vida en común que reflejan los hechos de los apóstoles: “estaban juntos y tenían todo en común, vendían sus propiedades y posesiones, y compartían sus bienes entre sí según la necesidad de cada uno. No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad, alabando a Dios y disfrutando de la estimación general del pueblo” (Hch 3, 44-46). Aunque no alcanzar esa meta no debe impedir que siga siendo cada día el horizonte hacia el que dirigirnos.

  • ¿Jubilación anticipada? Rezada, y… en comunidad, sí

    ¿Jubilación anticipada? Rezada, y… en comunidad, sí

    Experiencia-profesional-px-profesionales-cristianos-prejubilacion-a-2016Se trata de un proceso de reflexión personal y comunitaria desde la fe, ante la toma de la decisión respecto a la jubilación anticipada de una militante, médica de familia.

    Ha sido un proceso largo, llevado a cabo en varias etapas. Primero fue plantearse la conveniencia de la decisión. Circunstancias personales, familiares, laborales…a favor y en contra. Mis compañeros se sorprendían de que me lo planteara, dada la importante pérdida de poder adquisitivo respecto a lo percibido trabajando, y la posterior reducción de la cuantía de la pensión.

    Así que no era suficiente un ejercicio puramente racional: había que poner en juego mucho más. La decisión conllevaba romper antes un vínculo muy significativo con personas (mis queridos pacientes), asumir el hecho de pasar a ser considerada “clase pasiva” y la sensación de tener que ser “sostenida” por los cada vez más escasos trabajadores cotizantes; también suponía aceptar ocupar voluntariamente una nueva posición “al otro lado de la mesa”. En ella el acceso a la información sanitaria, el contacto con los colegas, la formación…etc., deja de ser privilegiada y pasa a ser solicitada. Por todo ello, la decisión fue reflexionada, pero también “rezada”.

    La reflexión me llevó a revisar cuáles habían sido los fines internos y externos de mi profesión. Los “para qués” que me habían movido, intentando ser honesta y no eludir los que pudieran ser “incorrectos”.

     

    Los fines externos que me surgieron eran:

    • Tener la seguridad de un trabajo estable, retribuido, que me permitiera vivir sin sobresaltos.
    • Ser autónoma e independiente desde mi posición de mujer.
    • Pertenecer a un grupo prestigiado en la sociedad, con los privilegios de acceso a una cultura, a un lenguaje, a una relación “desde dentro” con el mundo sanitario.

    Los fines internos vistos en perspectiva:

    • Realizarme y crecer como persona, a través del valor del trabajo.
    • Relacionarme con los demás desde una actitud de ayuda (al principio claramente paternalista, con los años más horizontal)
    • Desarrollar un cometido en la sociedad a través de la pertenencia al sistema público y del trabajo por la calidad de la asistencia prestada.
    • Trabajar en equipo con otros profesionales, procurando compartir objetivos y humanizar lo más posible la atención sanitaria.
    • Estar abierta y aprovechar los momentos en que he podido formarme en campos más específicos de mi profesión, para aplicar lo aprendido dándole una perspectiva distinta al trabajo cotidiano (aspectos relacionados con la comunicación, que me han ayudado a detectar actitudes manipuladoras que no son sanadoras para nadie; aspectos éticos que me han hecho ser consciente de que puede haber asimetría de conocimientos con los pacientes, pero nunca asimetría moral; aspectos del cuidado: cuidar es también curar, y el acompañamiento es también una gran herramienta sanadora para el que cuida).

    Una vez tomada la decisión de jubilarme, en continuo diálogo con la familia, vino la etapa de intentar ir soltando tantas cosas materiales, tantas rutinas, tantas emociones, tantas dependencias…y empezar a despedirme de todo ello y de la gente. Me ayudaron algunas lecturas, las oraciones de cada día, pero fue una etapa muy dura.

    Tras esta reflexión, llegó el momento de los argumentos. Tenía que explicarme a mí misma, a mis compañeros y a mis pacientes (sobre todo a ellos) lo que había decidido. Tenía que dejar claro que no se trataba de una huida (no estaba quemada), de abandonar el barco en tiempos de tempestad (un momento de cambios).

    Porque hasta el último día de mi trabajo, me levantaba con ganas, rezaba en el camino teniendo presentes nombres y rostros concretos, encontraba motivos para dar gracias, a pesar del cansancio y aturdimiento que me iba invadiendo a lo largo de la jornada.

    Las circunstancias familiares pesaban mucho en la decisión, pero también la percepción de unas capacidades más limitadas para hacer bien mi trabajo bajo presión. Y de nuevo, los “para qués”:

    • Para vivir sin tanta presión y poder estar en disposición de hacer mejor las cosas que creo que haría bien: escuchar, pacificar, acompañar…
    • Para vivir y relacionarme desde la gratuidad y desde la necesidad de devolver algo de lo mucho que he recibido, sin cálculos ni medidas.
    • Para ir desprendiéndome y viviendo con más sencillez, menos necesidades materiales, más austeridad…ir preparando la llegada de la limitación, la dependencia y la partida.
    • Para estar presente en los lugares y acontecimientos a los que me sienta llamada para el testimonio.
    • Para profundizar en la espiritualidad a través de ratos de meditación y oración cotidianos.

    Experiencia-profesional-px-profesionales-cristianos-prejubilacion-2016-cY por fin, vino la fase de las acciones. Primero para despedirme: ir vaciando la consulta de lo personal y lo innecesario, llevando las cosas a la asociación El Rastrell. Ir comunicando a los pacientes la noticia (con respuestas generosas por su parte, sin reproches…), escribirles una carta explicando las razones, pidiendo perdón por mis errores y dando gracias por lo mucho que he recibido de ellos. También les contaba que me proponía seguir activa dentro del campo de los Paliativos y la Bioética, en el mismo departamento de Salud si es posible. En mi último día de trabajo, nos reunimos todos en torno a un sencillo almuerzo que encargamos a la asociación Novaterra.

    Ahora estoy en la fase siguiente: ver cómo concreto mi compromiso en esta nueva etapa de mi vida.

    Recién jubilada, participé dos ratitos como voluntaria sanitaria en el encuentro europeo de jóvenes de Taizé. Eso me ayudó mucho a visualizarme en el servicio desde la profesión. Voy a seguir colegiada, y como médica intentaré enfocar el compromiso.

    A continuación transcribo la Acción de Gracias que hicimos en la misa del retiro de Navidad de Graduats.

    Jn 1,1-18

    En el momento de la acción de Gracias, quisiera compartir con mi comunidad el peso de la responsabilidad de una decisión que parece solo mía. La revisión de vida me ayuda a leer esta situación desde la fe, y eso me descoloca. Pienso en mi vida profesional pasada, vivo con desazón la presente, y con ilusión e incertidumbre, el futuro.
    A la luz del evangelio, tomo perspectiva y entiendo que Dios me quiere explicar su proyecto, que su Palabra tiene algo que decir a esta vida que desde mi libertad voy tejiendo. Es una llamada a acercarme a “la vida entrañable de Jesús” para conmoverme con “la bondad el amor y la verdad que encierra su vida”. Es una invitación a “hacerme presente a mí mismo con verdad y sinceridad, hasta el fondo, desde dentro”. A experimentar a “Dios realmente presente en lo más íntimo de mi ser”.
    No puedo dejar de vivir esta situación como una de esas “experiencias intensas de comunicación, de amor humano, de dolor purificador, de belleza o de verdad que mejor nos abren a la experiencia de Dios”. Y me sobrecoge leer que “el que cree siempre ve algo. Ve la vida envuelta en gracia y en verdad. Tiene en sus ojos una luz para descubrir, en el fondo de la existencia, la verdad y la gracia de ese Dios que lo llena todo”
    Y pienso en qué tengo que desaprender en este momento concreto en que me encuentro, desde qué otra hondura puedo mirar las cosas.
    Y lo primero que surge es ser consciente de que “vivir es ya, desde su origen, recibir” y que “la única manera de vivir sensatamente es acoger de manera responsable lo que se me da”.
    Por eso reviso esa tendencia tan arraigada en este mundo que me rodea, de vivir constantemente exigiendo, quejándose, auto-centrándose. Organizando todo en función de mí misma. Viendo solo en la vida las pequeñas preocupaciones que llevamos en el corazón. No quisiera seguir por ese camino ni acabar así. Desearía reconocer y agradecer lo recibido, “dilatar el corazón”, acoger el regalo de la gracia.
    Y permanezco en mi comunidad, para compartir ese regalo: la semilla, el grano de mostaza, la levadura que desde dentro va actuando. Acercarnos juntos “de manera concreta y vital a los evangelios, dejarnos animar por el Espíritu, entrar en relación con el Padre, para disfrutar cada vez más de la bondad insondable de Dios y así ir purificando nuestra fe”
    Por eso, quisiera, primero, vivir y expresar la gratitud mientras voy despidiéndome, soltando, dejando, cerrando. Y luego discernir la manera concreta en que habré de “dejarme activar lo mejor que haya en mi ser” y ofrecerlo el resto de mi vida, sin perder la perspectiva de la vulnerabilidad, los límites.
    “Señor, que aprendamos a vivir con Jesús una vida tan humana, tan verdadera, tan hasta el fondo, que a pesar de nuestros errores y mediocridad, nos pueda llevar hasta Dios”

    (Citas JA Pagola. El Camino abierto por Jesús)

  • La salud en mi mano… para el bien común

    La salud en mi mano… para el bien común

    Mi profesión se desarrolla en el ámbito de la salud pública. Cada día lo vivo como un lienzo pendiente de pintar: puedes estar más o menos inspirado, pero se espera que completes tu pintura y, si puede ser, que la llenes de color y de alegría. A veces, las circunstancias te permiten conseguir una buena acuarela y otras veces, sin embargo, sientes que no has conseguido una obra que emocione, que llegue al corazón de quien la pueda recibir.

    Tengo la costumbre de hacer oración camino de la oficina y ahí aprovecho para dar gracias por tantas cosas.

    Eso me sirve para enfocar mi tiempo de trabajo y pedir que el Espíritu me guíe. Espero conseguir una bella pintura.

    Yo diferenciaría dos aspectos en el desarrollo de mi profesión, relacionados con mi vivencia de la fe. Por una parte, el trato con los compañeros y, por otra, el contenido propiamente técnico del trabajo y sus efectos en los terceros.

    Experiencia-profesional-px-profesionales-cristianos-salud-publica-zaragoza-2Para situar el trato con los compañeros, he de decir que mis funciones son lo que, a veces, he oído denominar un “mando intermedio”. Eso de intermedio supone que, en cuanto a la relación laboral, estás como el queso del sándwich: te aprietan tanto desde arriba como desde abajo. Tengo relación directa con unas veinte personas a quienes doy trabajo, además de otras setenta y tantas cuyas funciones dependen de mí. Por el otro lado, tengo varios jefes en diferentes niveles de la escala de la organización.

    El trato que tengo con la mayoría de los jefes es escaso en tiempo, aunque pueda ser importante en otros aspectos. Por eso, cuando me planteo qué puedo hacer cada día para conseguir una buena pintura, creo que, donde de verdad me la juego, es con aquellos con los que estoy muchas horas en la oficina y con los que dependen de mis decisiones. En ocasiones, siento que no seré capaz de detectar dónde necesito poner el color. Otras, me ocurre que el trato con algunos compañeros no es fácil, que hay personas muy tendentes a la queja sistemática, a ver la botella medio vacía y a encontrarle pegas a cualquiera de mis decisiones. Sin embargo, me digo que no puedo por eso tratarlas diferente, ni hacerles menos caso (como me pide el cuerpo), ni dejar de intentar que se sumen al equipo como los demás. Una de mis peticiones en la oración matutina es intentar tener empatía. Reconozco que no siempre lo consigo.

    Para mí es importante identificar a quienes tienen necesidad.

    Ya sea por enfermedad, por desgracias familiares, problemas en el trabajo o en su familia. Cada vez que llega alguien nuevo, le ofrezco mi disponibilidad no sólo para las dificultades en el trabajo, sino también en las personales. En este aspecto, me resulta especialmente gratificante que los compañeros y subordinados puedan sentir que en mí tienen un apoyo, aunque solo sea para escucharles. Cuando ocurre, es maravilloso y realmente siento que he sido útil para dejar actuar al Espíritu.

    Otra de mis funciones consiste en que las personas trabajen como se espera de ellas y eso supone que, a veces, tienes que reconvenirles o llamarles la atención. Estas situaciones desagradables, con el tiempo, he conseguido (no me preguntéis cómo) plantearlas, en general, de una manera más amistosa o familiar. Creo que es algo intuitivo, que te da la experiencia. Sin embargo, hay casos difíciles, por sí mismos o por sus actores, donde no queda más remedio que ponerse realmente serio. Confieso que, en estas situaciones, trato de encontrar un tiempo de tranquilidad y ponerme en oración, aunque sea en mi despacho, abrirme al padre y pedirle ayuda. Hasta ahora, me ha venido muy bien.

    Experiencia-profesional-px-profesionales-cristianos-salud-publica-zaragoza.-3JPGEl segundo aspecto importante es la relación con los destinatarios de mi trabajo. Me dedico a la seguridad alimentaria y eso supone que entran dos actores en juego: las empresas alimentarias y la sociedad en general. Nuestra misión es controlar que las primeras actúan correctamente para garantizar la seguridad alimentaria de la población.

    El hecho de que el destinatario (beneficiario) final de mi trabajo no tenga una cara concreta es, para mí, uno de los temas más difíciles a gestionar desde el punto de vista ético y cristiano. Porque, en la balanza, tengo claro cada vez quién está en un lado: una empresa concreta, con unas personas concretas. Sin embargo, en el otro lado, estamos todos en general y nadie en particular.

    Y supone un problema porque mi equipo tiene la misión de que las empresas alimentarias hagan lo correcto, empezando por el propio diseño estructural de un establecimiento y terminando por las prácticas y manipulaciones de las personas. Eso nos lleva, por ejemplo, a situaciones en las que empresas incumplidoras tienen que ser sancionadas y, de repente, un día tienes en tu despacho a una señora (que te recuerda a tu madre) a quien tienes que sancionar si quieres ser coherente con las normas y no generar un agravio comparativo con el resto de empresas. O también a un señor, propietario de una empresa, quizá familiar, que ha invertido un dinero, posiblemente sus ahorros, en preparar un establecimiento sin haberse asesorado adecuadamente. Señor (que se da un aire a tu abuelo) a quien no te queda más remedio que decirle que lo que ha hecho… ¡no le vale!

    En ambos casos tienes que actuar por el bien general (un lado de la balanza), a quien no le pones cara, mientras (en el otro lado) delante de ti tienes a la contraparte, con nombres y apellidos, a la que es muy difícil explicarle y aplicarle las decisiones que debes tomar.

    Este tipo de situaciones siempre me parecen duras. Mi misión es mojarme y tomar decisiones y por eso no me queda más remedio que apechugar. No ha sido baladí el apoyo encontrado en mi grupo de revisión de vida, que me ha dado calor y apoyo ante situaciones realmente difíciles, ayudándome a juzgar y a actuar desde la perspectiva de la fe con mejores elementos de juicio.

    Uno de los aprendizajes que he obtenido de la gestión de estos conflictos es ser asertivo ante determinadas situaciones, algunas que pueden ser negativas para las empresas. Desde entonces, no me puedo resistir, si así lo creo, a decirles que les conviene replantearse un negocio alimentario antes de gastarse el dinero, cuando, según mi experiencia, el establecimiento no puede llegar a cumplir o el negocio parece no tener posibilidad de ser rentable. Esto último queda fuera de mis funciones laborales, pero creo que es mejor (que es mi obligación cristiana) que alguien les abra los ojos, o al menos les avise, antes de que lleguen a un callejón sin salida. Solo si lo hago así siento que mi pintura tiene los colores y el espíritu necesarios para aportar algo a su destinatario.

  • Cuando la sociedad me llamó, y yo me enamoré

    Cuando la sociedad me llamó, y yo me enamoré

    Experiencia-profesional-px-profesionales-cristianos-salir-universidadEstaba yo con Pepe en el despacho, atareadísimos los dos tratando de terminar una de las fichas del Inventario Español de Conocimientos Tradicionales relativos a la Biodiversidad. Había que entregarla sin falta, porque la esperaban los coordinadores en Madrid. Sonó el teléfono. Dudé si descolgarlo. Vi por el número que era un compañero de la Facultad que siempre es muy solícito. Puse el altavoz. Seguí tecleando mientras escuchaba la típica historia de unos estudiantes, acompañados por nosesabequien, que habían venido preguntando por nosequé, y que entonces él había recordado que yo podría darles respuesta…. Total: que iban a llamarme a renglón seguido y… ok, ok, ok, gracias, sí, sí, vale, de acuerdo, pues que llamen… Nos despedimos. Resoplé. Sonó el teléfono. Descolgué, les conté que estaba ocupada, pero que si podían venir por la tarde, a las cinco, yo les atendería. Me dijeron que sí. Yo no sabía que estaban a más de cien km. de mi ciudad. Buscaron cómo desplazarse desde aquel pequeño pueblo. Cambiaron horarios de trabajo. Dos chicos y una chica. A la hora en punto, allá estaban, en el pasillo de la Facultad, dispuestos. Cogí mi cuaderno de cuadros, en el que apunto todo lo que hablo y me hablan en estas reuniones, porque tengo cada vez menos memoria ram y más dispersión, y fui tomando nota de la batalla (nunca mejor dicho) que traían entre manos. Me gustaron. Venían preocupados por un morrocotudo problema ambiental que hay en su pueblo, y zonas de alrededor. Territorio que yo conozco por haberlo recorrido palmo a palmo y que amo con esa fuerza irracional con la que amamos todo lo que consideramos nuestro. Me expresaron sus inquietudes, sus dudas, sus preguntas técnicas y mi opinión sobre las soluciones. No se ofendieron porque yo les tratase como si fueran alumnos míos. Es verdad que antes de entrar en respuestas, les advertí que como contábamos con poco tiempo y el tema que traían era complejísimo, disculpasen que yo fuera al grano y les hablase en el tono directo que usamos cuando nos conocemos de clase, prácticas y salidas al campo. Aceptaron. A esa altura de la conversación ya sabíamos algo los unos de los otros. Ellos de mí, que había trabajado años sobre el tema y yo de ellos que ninguno de los tres era estudiante de Ambientales. Yo les metí un mini rollo biológico express, que me parecía básico para compartir un mismo lenguaje. Luego les enseñé qué palabras tenían que meter en Google para que les saliese la información que necesitaban para saberlo todo sin haber estudiado nada. Comoquiera que uno de ellos dijo ser hijo de emigrantes y que había vivido su adolescencia en Suiza, les pasé todas las palabras clave al inglés. Así encontrarían mucho más. Después de eso, muchas gracias, intercambio de correos electrónicos y un meescribíssihayotrasdudas.

    Me quedé sola en el despacho saboreando el momento. ¡Qué gente tan estupenda! ¡Ésta es la juventud que necesitamos!

    Experiencia-profesional-px-profesionales-cristianos-salirEn vez de estar tumbados, haciendo nada, ¡ya ves! Dinamizan cultura y sociedad en su pueblo, se organizan activamente en asociación, piensan, son creativos, diseñan eventos, planean cosas, plantean alternativas, son participativos, exigentes y críticos… Tienen toda la fuerza de lo novedoso y no se conforman con lo de siempre. Quieren soluciones concretas a problemas (ambientales en este caso) concretos. Me pareció muy bien. Ya se lo dije durante la conversación: que me encantaban. Porque precisamente ése era el tipo de estudiante que a mi juicio debía generar nuestra Universidad de Extremadura: personas implicadas con el medio (el medioambiente, el medio social, también económico y político), que pusiesen su formación universitaria al servicio de los que más lo necesitan en nuestros pueblos: los jóvenes, los ancianos, los que tienen menos formación y la gente que tiene debilidad de ánimo, flojedad de espíritu, falta de ganas de luchar o sencillo convencimiento de que nosepuedehacernada. Me venía a la mente aquello de “Vosotros sois la sal de la tierra” (Mt 5, 13). Permanecí un buen rato contemplando la escena… y alegrándome de iniciativas como ésta, en las que yo –desde la óptica de mi fe- veo reflejos de la Bondad Absoluta, del mismísimo Dios Padre.

    … Sonó el teléfono. Esta vez mi marido, sacándome de tamaño momento de oración, para convocarme al supermercado. Pasamos del Ora al Labora

    Experiencia-profesional-px-profesionales-cristianos-salir-universidad-medio-ambienteDurante las siguientes semanas, vi en la prensa local un par de noticias sobre el problema, y dos o tres declaraciones de responsables políticos, que me hicieron recordar la visita. Pensé que alguna de las actuaciones administrativas ejecutadas en esos días para paliar el problema, se habían producido como respuesta al susodicho movimiento. Por aquellas fechas empecé a verlo en las Redes Sociales constituido en Plataforma. Me alegré internamente, pedí por ellos. Y al contemplar la escena de algunas de esas personas de la política en actitud de escucha proactiva, veía esbozada la Mano de ese Dios nuestro Padre, en quien creemos. ”… En lo escondido. Y tu Padre que está en lo escondido, te lo recompensará” (Mt 6, 6)…

    Marché a América del Sur. Ecuador. La capital y la Amazonía. Una estancia de casi un mes, llena de Vida, y… otro mundo. Al regresar, recibí la noticia de que me habían estado buscando sin encontrarme. Andaban ya inmersos en una intensa actividad que había saltado al espacio público, y a los medios de comunicación locales y regionales. Fui invitada a participar como Investigadora de la Universidad, en algunos de los eventos que organizados desde distintas instancias, para debatir sobre el problema ambiental al que la Plataforma pretendía dar solución. Acudí en unas y otras ocasiones, y atendí con interés a los medios, por del deseo de dar a conocer los trabajos realizados sobre el tema en nuestro Grupo de Investigación. También con el propósito de comunicar sin ambages mis planteamientos sobre la solución del problema. A este nivel del debate, existían ya posicionamientos divergentes entre la Plataforma y algunos responsables administrativos o políticos. La situación se complicó en algunos momentos, aunque nunca llegase a alcanzar niveles insalvables. Muchos periodistas llamaban al despacho, buscando obtener quizá una visión objetiva. Tuve que cuidar no dejarme arrastrar por la corriente rápida de los acontecimientos, y llevar mi barco a donde yo quería, sin actuar manipulada. Quise ser valiente, transparente y discernir muy bien cuál era el bien último que quería yo poner en valor en todo ese proceso. “Pero sea vuestro hablar: sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, del mal procede” (Mt 5, 37).

    Experiencia-profesional-px-profesionales-cristianos-salir-universidad-medio-ambienteY en ese contexto, nos invitan a acompañar a Bruselas, a representantes de la Plataforma, y de diversos sectores sociales y políticos para exponer ante las autoridades comunitarias el problema, y tratar de obtener apoyo económico para darle solución. Fue un desplazamiento relámpago, donde pude comprobar mucho de lo positivo que se había generado en torno a aquella iniciativa. Como soy creyente y vivo continuamente un estado contemplativo que me ayuda a encontrar el verdadero sentido de la Vida, y a disfrutarla profundamentelos dos días en Bruselas me los pasé rezando. No es que anduviese poniendo velas y haciendo plegarias para que las autoridades soltasen los euros así. Sino que se multiplicaron las ocasiones en que me venía el deseo de orar al Padre, dándole gracias, por cada gesto que observaba. Complicidad, camaradería, generosidad. Anécdotas relatando cómo la gente sencilla se había ido involucrando, las expectativas que se habían creado, la transformación de actitudes producida entre la población, la manera en que se iban solucionando las muchas asperezas y sinsabores que estaban ocurriendo en el proceso. Era una maravilla escuchar las distintas preocupaciones de los distintos sectores, las aportaciones que cada cual hacía desde su saber. Y por encima de todo, la unión persiguiendo un fin: solucionar un problema ambiental, y que por eso es de todos, colectivo.

    Esa primacía de lo común frente a lo individual, me ha enganchado.

    Las risas y el buen talante, las miradas limpias y el buen humor, me parecen reflejo de que lo mejor de este mundo, está ya entre nosotros. Saber que son conscientes de que son criticados, vistos con sospecha, y acusados de perseguir intereses ocultos, los hace más creíbles, más humanos, más reales.

    Y desde esa incertidumbre, que no es ingenuidad, yo apuesto por ellos y ellas.

    Y quiero creer, y creo porque sí, que es posible luchar por asuntos colectivos, por bienes intangibles, por el cielo limpio, por las aguas puras, por un canto junto, … por Extremadura ;-D… Y mucho más allá: por la naturaleza, por el futuro de nuestros ecosistemas, por la belleza del campo, por nuestro patrimonio natural.

    ¿Por qué no? Yo lo he visto. Está ahí. Son gente de carne y hueso. Lo han conseguido. Ellos y ellas valen mucho.

    Porque se han abierto, consciente o inconscientemente, a la acción amorosa de Dios en sus vidas, sus afanes y su entrega. “Te doy gracias Padre, porque has ocultado esto a los sabios y entendidos y lo has revelado a la gente sencilla” (Mt, 11:25).

     

    Trinidad Ruiz Téllez. Diciembre de 2015. Profesionales Cristianos Mérida – Badajoz.